Capítulo nueve: El Rey envenenado Una semana, una jodida semana desde que salí a la ciudad con el rey y no he podido olvidar nuestro beso. Sin embargo, ninguno de los dos ha hablado al respecto. Cada vez que nos cruzamos, él me evita e ignora deliberadamente, como si yo fuera insignificante, como si no hubiera pasado nada. Sigo desconcertada, indignada y… dolida. Está bien que yo soy una simple niñera y él… Bueno, él es el dueño del país, pero no por eso debe rebajarme más de lo que ya lo hace mi estatus social. ¡Yo no lo mandé a besarme! Hemos pasado de un acercamiento bastante peligroso a un distanciamiento abismal. Ni siquiera en un principio con la arrogancia y la frialdad que destilaba, se comportaba de esa forma. Los cambios repentinos del rey me tienen dando vueltas en un laberin

