Capítulo once. Una g****a en el escudo. Isabelle El castillo de Mónaco siempre ha sido un lugar imponente. Lo es por sus torres antiguas, por los retratos centenarios colgados en sus pasillos, por el aroma a poder que flota en el aire y que parece impregnarse en la piel. Pero ahora, mientras cruzo uno de sus salones más grandes, lo que más me impone no son los muros… sino las miradas. Todos los presentes se giran hacia mí. Algunos disimulan; otros, no tanto. Sé por qué me miran. No soy tan ingenua. La hija del escándalo. La amenaza con zapatos de diseñador. La mujer que ha osado discutirle al príncipe en público. La que quizá, solo quizá, está demasiado cerca de él. Me aliso la blusa, respiro hondo y me acerco a la mesa donde Bastian ya está esperándome con su clásica expresión de már

