Capítulo catorce: Una pausa en el tiempo Son apenas las siete y media de la mañana y no he terminado de calzarme los zapatos cuando siento que tocan la puerta. Distraída y con un tacón en la mano corro a abrir, sin embargo, me quedo de piedra al vislumbrar la poderosa imagen ante mis ojos. El rey… el rey está aquí, en mi habitación. Desde que regresé hace dos días no nos hemos tropezado ni una vez y sospecho que ha sido a propósito. ¿A qué ha venido? Por su expresión de hielo imagino que a hacer las paces no. —Majestad —hago una reverencia como nunca he hecho, ni siquiera el día en que le conocí. La tensión es palpable y el hecho de que mire en derredor como si buscara algo en vez de enfrentarme, empeora la situación—. ¿Puedo ayudarle en…? —Veo que aún no ha desempacado —señala mi ma

