5. UNA AUTÉNTICA LOCURA

1589 Words
Capítulo cinco: Una auténtica locura Un profundo silencio se instaura en el salón junto a las expresiones perplejas, mientras que todo el mundo —inlcuso yo— centra su atención en la mujer que acaba de llegar. —Edmond, di algo… El rey se remite a gruñir con fuerza antes de cubrir su rostro con las manos. Es evidente que se encuentra molesto. «¿Qué está ocurriendo aquí?» Bastian se gira hacia su padre para observarlo con sus ojitos cargados de asombro e incredulidad. —¿Vas a…? —duda con la voz en vilo— ¿casarte? El aludido abre su boca para responder, pero la rubia pechugona le interrumpe antes de que siquiera pronuncie la primera palabra: —¡Por supuesto que nos casaremos! —exclama entusiasmada—. El rey de Mónaco tomará como esposa a la Duquesa de Clermont. —¡¿Qué?! —reacciona el príncipe con auténtica angustia, la cual no tarda en transformarse en enojo—. ¡No! Esto no… El fingido ataque de tos de la duquesa le corta a media frase—: Los niños pequeños deben mirar, callar y obedecer. «¿Pero cómo se atreve a hablarle así?» Por muy duquesa que sea, Bastian sigue siendo el príncipe. Desde ya, sé que la mujer nunca me caerá bien. ¡Pobre de mí si es la próxima reina de Mónaco! ¡Y mi jefa además! »Una vez que Edmond y yo nos casemos —ella aprovecha el silencio colectivo para continuar con su explicación—, las cosas por fin se acomodarán aquí. Y entonces, el príncipe puede comenzar a asistir a un internado. Hay unos cuantos en el país e incluso fuera de él, que son maravillosos. Estarán encantados de recibirte, Bastian. El niño se remite a soltar un sonoro resoplido y salir corriendo enrabietado. Atrás ha quedado la alegría de la guerra de comida. —¡Maxine! —por fin, el monarca toma la palabra dirigiéndose hacia su supuesta prometida—. No debiste haber dicho eso. —¿Por qué no? —cuestiona ella—. Seré tu futura esposa y tu reina. —¡Tú no eres mi futura nada! —el profundo bramido resuena en las paredes del palacio—. ¡No nos vamos a casar! La rubia se corta de inmediato al mismo tiempo que suelto un fuerte jadeo, contemplándole estupefacta. El rey por su parte, sale a paso lento, pero firme, detrás de su hijo. Su secretario lo acompaña y de un momento a otro, me he quedado sola con la duquesa. Es entonces cuando vuelvo a mis cinco sentidos y despierto de mi letargo. —¿Y tú quién eres? —indaga escrutándome de pies a cabeza con la mirada. —Oh… —tomo una profunda respiración—, soy la nueva niñera del príncipe Bastian. Odette Dupont, un pla… —No pregunté tu nombre —me corta con brusquedad—. ¿Por qué estás aquí? —Yo… —me remuevo incómoda ante su examen físico, aunque no me dejo intimidar— vivo en el palacio. —No pongas esa cara, querida —muestra una sonrisa ladeada con condescendencia—. Podría quedarse así. Una chica tan linda como tú no debería estar cerca del rey. En este preciso instante no sé si sentirme halagada por el cumplido o indignarme debido a lo que sugiere su comentario. »De hecho, una vez que estemos casados —continúa—, le conseguiré una buena tutora de la vieja escuela para que cuide a Bastian. —Creo que he sido muy claro en mi posición, Maxine —el monarca regresa junto a Felix hasta nosotras para interrumpir la perorata de la duquesa—. Y además, te exijo respeto por el lugar que pisas y las personas que viven aquí bajo mi protección. Te recuerdo que no hablas con cualquiera. »No quiero escuchar que andas por ahí esparciendo falsos rumores —se acerca a ella con una postura amenazadora, que haría temblar a cualquier ser viviente—. Bájate de la nube, porque tú jamás serás mi reina. Felix —observa a su secretario de reojo. El joven luce como una sombra, siempre alrededor de su jefe—, muéstrale la salida a la duquesa. —Como ordene, su majestad. —¡Edmond, mi amor! —gime la rubia con voz lastimera, al mismo tiempo que es conducida prácticamente arrastras fuera del comedor—. Vamos a… —¡Fuera de aquí! —el estruendo del rey acalla cualquier intento de protesta. ¡j***r! Eso ha sido intenso. De pronto, me doy cuenta de que me he quedado a solas con él, con una incómoda tensión en el ambiente. Tomo una profunda respiración para serenarme antes de dirigirle la palabra con cautela: —¿El príncipe está bien, majestad? —He tratado de hablar con él —responde tras un pequeño suspiro—, pero se niega a recibirme. —Es entendible —asevero—, la… noticia le ha desconcertado como a todos y también le ha dolido. Dele un poco de espacio —añado buscando animarle—. Le aseguro que más tarde podréis aclarar la situación. —Lamento haberle hecho presenciar este bochornoso episodio, señorita Dupont —aunque suena como una disculpa, su tono neutral no da atisbo de emoción alguna. Por lo que he podido apreciar, el rey tiene una personalidad bastante complicada y cuesta deducir si algo le incomoda o le agrada—. Así como me disculpo por haberos dejado a solas. No fue muy correcto de mi parte. —Pierda cuidado, majestad —bajo la cabeza sonrojada. Le noto con la mirada perdida en la distancia, como si ahora mismo estuviese sumergido en sus propios pensamientos. Me gustaría… tener el poder de leerle la mente. Cada una de sus expresiones faciales parecen mostrar un fondo detrás de todo este asunto y me intriga… «Demasiado», señala mi subconsciente con cierto grado de reproche. Como ya se le ha hecho costumbre, la expresión le cambia en cuestión de segundos y muestra una sonrisa que no he visto desde que le conocí. la comisura de mis labios se me congela en tanto las piernas se me debilitan de forma repentina. Hay algo en él que… congestiona mi sistema. —Me gustaría invitarla a una copa a modo de desagravio, señorita Dupont —impone, pese a que sus palabras son una sugerencia. Me imagino que no puede evitar imponer sus sus deseos bajo ninguna circunstancia. Después de todo, es un rey—. ¿Me acompaña al estudio? Ni siquiera emito sonido alguno, simplemente me remito a asentir con timidez, a la vez que lucho contra el sonrojo, antes de seguirle los paso. Llegamos hasta el mini bar del despacho y cohibida, acepto la copa de Merlot que me ofrece. »Por usted, señorita Dupont —alza la suya para proponer un brindis mientras yo me quedo desconcertada por completo. —¿P…por mí? —balbuceo—. ¿Por qué? —Mi hijo está encantado con usted —declara algo que ya varios en el palacio me han contado—. No trataba a nadie con tanta confianza desde… —la voz se le apaga de repente—, desde hace un tiempo. —Bastian es un niño maravilloso —me pongo colorada al darme cuenta que me he referido al heredero del trono sin formalidad frente a su padre. —Bueno, ha hecho funcionar su magia con él, señorita Dupont. Felix no se equivocó al elegirla. —¿Me permitiría darle mi opinión al respecto, su majestad? —me tomo la libertad de preguntarle. —Adelante. —Yo… —respiro para alejar las dudas—. No es mi magia la que el príncipe desea… sino la suya. Bastian parece desprovisto de su atención, mi rey. Puede que ahora esté molesto con usted, ¿pero vio cómo rio con la guerra de comida? Lucía pletórico de felicidad. Por primera vez desde que lo conozco en persona, le veo esquivar la mirada de alguien y es precisamente la mía. »No sé si sea demasiado atrevimiento —agrego cautelosa—, pero le daré un consejo según mi experiencia. Debe pasar más tiempo de calidad con su hijo. —Tiene razón, señorita Dupont —asevera—. Prometo que lo intentaré. «¡Cielos! El rey de Mónaco haciéndome promesas… ¡a mí!», me resulta difícil de creer y para mayor sorpresa, se acerca con una mano extendida para tomar la mía. »¿Sabe? Su presencia en el almuerzo de hoy me ha dado un sentido de estabilidad que no había sentido antes. «Trágame tierra porque me siento como unas gambas tostadas debido al intenso sonrojo» Alzo la cabeza solo para ver los ojos cristalinos fijos en mí, revolviéndome el estómago en el acto. «¿Qué me está pasando?» ¿Por qué siento miedo y a la vez… algo más que no logro definir? No quiero ni imaginar que sea lo que estoy pensando, porque sería una auténtica locura. »Espero con ansias conocerla mejor… Odette —mi nombre escapa de sus labios y entonces, mis temores son confirmados con una absoluta crueldad. «No, esto no puede ser» ¡No puedo sentirme atraída hacia el rey! Pero lo peor sucede después, cuando me mantengo estática cuando él se acerca con pasos sigilosos y paseando la mirada de mis ojos a mi boca. «¿Qué está haciendo?» «¡Oh Dios mío! ¡¿Va a besarme?!»
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD