Capítulo veintiséis. La tormenta mediática. Mi respiración se entrecorta cuando mis ojos se encuentran con los de Margot. La amiga de Edmond se mantiene de pie al otro extremo del salón, sosteniendo su copa con una elegancia medida, como si no hubiera planeado con precisión cada una de sus acciones desde el escándalo. La prensa, la presión sobre el consejo real, todo ha sido obra suya. Edmond, a mi lado, parece notarlo también. Aprieta ligeramente mi mano, un gesto sutil, pero cargado de significado. Margot nos observa con esa sonrisa enigmática, como si supiera algo que nosotros no. —No dejes que te afecte —murmura Edmond, apenas perceptible. Pero es difícil no hacerlo. Ella está aquí por una razón, y estoy segura de que no es para darnos la bienvenida a la vida pública. —¿Qu

