Capítulo tres: La Tentación de lo Prohibido. Isabelle A la mañana siguiente, el aire en el palacio estaba cargado de una tensión que no podía ignorar. Mis pasos resonaban en los pasillos como si cada uno de ellos marcara el ritmo de una guerra silenciosa. Mi mente seguía atrapada en lo que había sucedido con Bastian el día anterior. La forma en que me miraba, el tono en su voz, la intensidad de todo lo que había entre nosotros... Cada palabra, cada gesto, parecía estar impregnado de algo más profundo, algo que ni él ni yo queríamos reconocer. Pero lo que más me perturbaba no era nuestra disputa profesional, ni siquiera el hecho de que habíamos chocado tan frontalmente. Lo que realmente me desconcertaba era cómo mi corazón latía más rápido cada vez que pensaba en él. Me maldecía por ello

