Capítulo dieciséis: Mi rey voluble Toda la nieve de este sitio podría derretirse del calor que desprende mi cuerpo al oír esas palabras. Me ha pedido que me entregue, que le deje tomarme y he cedido le deseo como jamas imagine que podía llegar a desear algo y dejarle tenerme es casi una necesidad. Me da la vuelta en el circulo de sus brazos y sus ojos me degustan los labios, saborean mis amagos por gemir y abalizan deseosos mis jadeos inesperado cuando sus manos bajan a mi cintura por detrás. Me pega a su pecho, el mío se hincha y no sé que decir. —Eres preciosa —me halaga—. No sabes cuanto deseo que seas mía, una...y otra...y otra, y otra vez. Quiero poseerte sin dejar que pase un solo día en que no te tenga A esa declaración de intenciones le sigue un tórrido beso que se acompaña d

