Capítulo seis. El beso que no debió pasar. Isabelle Nunca pensé que un castillo pudiera sentirse como una prisión. Pero cada vez que cruzo esas enormes puertas doradas y veo las paredes cargadas de historia, retratos con coronas y sonrisas enmarcadas en mármol, siento el mismo nudo en el estómago. Hoy no es diferente. Estoy aquí porque la Fundación Real y nuestra ONG tienen que dar una rueda de prensa conjunta. Y claro, como siempre, tengo que compartir escenario con el arrogante, encantador, insoportable príncipe Bastian. —¿Lista para fingir que nos soportamos? —pregunta él al verme llegar, apoyado contra una columna como si el mundo entero girara solo para él. Lo ignoro. O al menos lo intento. —Estoy lista para hablar del proyecto. Tú trata de no desviar el foco hacia tu peinado p

