Capítulo treinta y ocho. Una visita al pasado. El sol apenas comenzaba a asomarse cuando toqué la puerta de la habitación de mi abuela. No había podido dormir bien después de la fiesta de compromiso. Había demasiadas emociones en mi cabeza, demasiadas preguntas sin respuesta. Cuando abrió la puerta, supe que no necesitaba decirle nada. *Ella ya lo sabía. —Ven aquí, mi niña —dijo, abriendo los brazos. Me hundí en su abrazo y respiré su aroma a lavanda. Siempre me hacía sentir segura. Nos sentamos en el pequeño sofá junto a la ventana. Afuera, el jardín del palacio despertaba con la luz del amanecer. —No sé qué hacer —admití, con la voz temblorosa—. No sé cómo sentirme con todo esto. Mi abuela me tomó las manos con ternura. —No tienes que decidirlo todo ahora, Odette. —Pero

