En la inspección segunda de policía de Cali, hacia calor, el piso era de baldosa de un color gris gallineto. , un viejo ventilador unido con alambres de luz a un motor sin fuerzas cascabillaba como no queriendo empuja mas sus astas . Luis sentado incómodo en una silla de plástico hacía esfuerzos para que esta no se doblará . Frente a él lo miraba peculiarmente el Inspector segundo
El inspector había pasado por la facultad de derecho sin culminar sus estudios doctorales, era conocido por su mirada caída debido a un defecto de su cuello, le llamaban el aguja porque mientras estudiaba en la facultad se rebuscaba la vida consiguiendo negocio por los lados del permanente . Entre pequeños delincuentes , ladrones , prostitutas sin licencia , jíbaros , vendedores de bazuco se levantaba su poco de dinero, para su principal placer, el billar y el trago, tal vez por eso y a pesar de ser tan recursivo no se había titulado. . Salió de su tierra natal en las frías tierras del sur y hoy gracias a su ingenio y a la oportunidad que le daba una ciudad más grande, era el inspector segundo de Cali.
Luis era un joven de sociedad. Su padre Salomón era Magistrado y profesor en la Facultad de Derecho, Un hombre de mucho prestigio que había logrado coronar una carrera extraordinaria a base de esfuerzo y estudio.
En forma seca le comunicó el inspector a Luis .
—Acabo de hablar con tu padre y por consideración al maestro, te pondré a buen recaudo para tu seguridad . Las cosas se pueden complicar , ¿ pero qué pasó ? , ¿ qué hacías tú por allá ?.
Luis se para de la silla incómoda, se arrima hacia la ventana de la oficina, saca un cigarrillo, levanta su mirada hasta al techo llevado por el sonido atorado del motor del ventilador. Durante todo el tiempo de espera a que lo tenía sometido el inspector , su mente no podía concentrarse por culpa del fastidioso sonido causado por el ruido del ventilador . Todo era incomodo . necesariamente tenía que enfrentarse a lo sucedido en la finca el placer . La silla endeble , los zancudos que buscaban sus blancas carnes para chuparle su sangre , la cara de desconfianza del tinterillo, el escándalo que se venía, todo esto aumentaba su angustia , sólo faltaba la presencia de su padre.
—La mirada fija del inspector anunciaba una explicación amplia y concisa. Luis lo entendió de inmediato.
–Como le dije su Señoría. Cuando La criada Josefa se dio cuenta que faltaba de revisar el cuarto asignado a Linda, de inmediato me di cuenta que posiblemente estaríamos en problemas. Yo había observado el vaso de whisky con el botón blanco dentro en la mesa cerca al cuarto de los dueños de la finca y como ese vaso siempre lo tuvo Gabriel entre sus manos durante toda la tarde y noche de los hechos y como los que conocemos muy bien Gabriel , sabemos que usa el mismo vaso durante todo el tiempo que está tomando .Inmediatamente supuse que ahí se encontraría . Todos se devolvieron hacia ese cuarto y antes de que decidieron abrirlo yo me retiré dirigiéndome directo hacia el Maza . Tome por el brazo al Doctor Heleno y lo saque conmigo, los dos buscamos a la señora Praga , pero ella no estaba. Salimos al patio donde tenía el carro listo y prendido frente a la salida en portón de la finca que estaba abierto . Unos escoltas estaban dentro de la casa , los demás , se encontraban revisando los carros en el patio o distraídos con los perros que se lanzaban tras la comida que les traía el cuidador. Como un autómata el Doctor Heleno camina tropezando en el césped alto del jardín de entrada a la puerta principal de la casa, zangoloteando por un brazo le grita .
Mierda, no ve que si ese huevon del Gabriel fue quien se metió en la pieza de la novia .Nos vamos ya , que nos lleva el putas o no se ha dado cuenta con quienes estamos tratando.
Heleno no entendió mis razones y entró a la casa tropezando en la puerta principal con uno de los gorilas guardaespaldas que estaba pendiente de la entrada. Yo le alcancé a decir que afuera lo esperaba.
No transcurrieron treinta segundos cuando sintió un disparo. Frente a mí no había nadie más , todos corrieron hacía la casa aglomerandose en la entrada principal .Se presentó una gran confusión, fueron unos siete segundos de un silencio tenso, en mi cerebro se me había pegado el grito chillón de Josefa .
“patroncito Miguel, el cuarto de al lado suyo está cerrado” y me dije,
vieja hijueputa, la cago .
De pronto de la entrada principal los guardaespaldas corrían a la parte trasera de la casa, llevaban sus armas en la mano, unas botas de cuero hacía crujir unas gafas negras caídas en el piso, los perros negros cabezones se lanzaban bruscamente queriéndose zafar de la correa que los detenía al tubo de protección. Sonaron más tiros, parecía como si se estuviera reventando un gran ventanal. El peón que llevaba la comida a los perros cabezones caía atropellado por estos . Quede perplejo hasta que escuche una vos
–cierren el portón
Arranque el Mazda, pase el portón estrafalario, sonó un tiro que pegó en el espejo retrovisor. Acelere . Como la salida daba a un camino destapado Y angosto no pude girar y golpeé el carro contra el muro de la finca vecina, Siguieron sonando más tiros, logre dar reversa, volví a tomar el curso de salida, puse primera y tome camino abajo hacía la ciudad. No tomaba la primera esquina en mi estampida cuando escuche entre los tiros una voz
Luis ,Luis, nos matan
Era el Doctor Heleno que corría detrás del Maza .De una de las manga alaba el brazo de Praga, alcanzando la puerta posterior izquierda del carro y de un empujón entro a su esposa al interior del vehículo. No se como , pero esto sucedió casi en pleno movimiento del vehículo . La pareja estaba agitada, sobre el camino habían quedado las gafas negras de Heleno y las zapatillas de Praga. Cada vez los disparos se sentían más lejanos. El camino en verdad era angosto, la noche anterior como habíamos subido haciendo paradas mientras se repartía el aguardiente no nos habíamos puesto a detallar el sitio. Como sospechaba que vendrían persiguiéndonos en otros carros , continuaba acelerando , parecía como si estuviéramos en campaña política a la diputación por los caminos estrechos y desolados de la cordillera de los andes . Los del sur somos buenos conductores porque nuestras vías son destapadas, estrechas y mal tenidas, Señor Inspector . Pensé, que paradojas tiene la vida nosotros hacíamos campañas políticas ofreciendo pavimentar los caminos veredales y en este momento el haber transitado toda una vida por caminos como aquellos podría salvarnos la vida. Nadie hablaba , la idea era llegar hasta la autopista principal, de pronto aparece un caballo arriado por un campesino que cargaba unos bultos de abono, el Mazda se dio de lado con el animal ,tumbándolo, el carro golpeó un muro de contención pero alcanzó a pasar el estrecho camino. El motor se apagó, volteé a ver como el campesino desesperado trataba de incorporar el animal, quise detenerme a ayudar , pero una camioneta con vidrios oscuros que venía a gran velocidad frenó violentamente para evitar pisar el animal. El conductor maniobró rápidamente chocando contra el muro de contención arrastrando nuestro carro. De una manera milagrosa, logré que el carro se prendiera . De la camioneta alcanzaron a salir unos disparos.
Fueron minutos intensos , una vez en la autopista detengo el carro para preguntar que teníamos que hacer, volteo la cara y me encuentro con Heleno paralizado, su rostro sin las gafas daba un aspecto distinto, lleno de susto. En el suelo del asiento de atrás, Praga estaba tendida con la parte derecha de la cabeza llena de sangre. El silencio del camino había sido testigo de una muerte pendeja, en un lugar estrecho. —
El inspector tomó del brazo a Luis y lo dejó en el cuarto continuo a su oficina donde había un catre. Luis se recostó esperando la llegada de su padre el Magistrado.
–bueno honorable diputado, mañana continuamos , sarcásticamente se despidió el inspector.
Luis se quedó mirando el techo de ese pequeño cuarto acondicionado como habitación, sabía el tormento que le esperaba estando tan cerca del fastidioso ruido de un motor sin fuerza que golpeaban los sentidos de alguien que salía de un interrogatorio ante alguien que no le despertaba confianza. Seguramente sin la presencia en la noche de la molesta mirada del inspector, con la poco útil silla destroza el ruidoso aparato. Luis solo esperaría la soledad de la noche para callar para siempre el ya cansado aparato eléctrico en el techo de la oficina del inspector para por lo menos esta noche dormir bien. El tiempo corría, poco a poco se perdían los susurros de la gente encargada de vigilar la inspección.
Luis se cansó de esperar y se quedó dormido profundamente. La noche fue calurosa pero tranquila. El inspector Aguja había desconectado el ventilador.