Capítulo Cinco - Apta de Matrimonio Parte 2

1608 Words
Capítulo Cinco - Apta de Matrimonio Parte 2.  Septiembre 13 del 2019 Sicilia Italia. Caeli Mancini.  Él debe de estar demente si realmente cree que voy casarme con él. Primero que nada nunca en mí vida me he planteado la idea de casarme. Segundo, mi madre, que en paz descanse, siempre me recalco que solo debía aceptar de la esposa del único hombre que me ame y yo ame de igual manera. Tercero, no amo a Adrik Lombardi y sé que él a mí tampoco. Lo que me lleva a una sola conclusión, es imposible que yo acepte convertirme en la esposa de este hombre. Es imposible que yo firme los documentos que me convertirían en su mujer. Además de eso, sé perfectamente lo que significa convertirse en esposa de alguien y no, no es que crea que no estoy lista, porque he pasado desde mis trece años prácticamente a cargo de mí misma y muchas veces de mi propia madre. Lo que me convirtió en adulta antes de siquiera cumplir quince años. Pero considero que no tengo las cualidades necesarias para ser una esposa. Nunca me ha gustado ser del tipo de mujeres sumisas, que solo deben quedarse en casa, esperando a que su esposo llegue.  Él. Adrik, daña todo lo que pude haber soñado alguna vez sobre como esperaba que fuera mi matrimonio si llegaba a darse y si encontraba a alguien que yo supiera que realmente me merecía. Es cierto, no ha intentado matarme y ya casi han pasado tres meses desde que habito en su mansión, en lugar de eso, me ha llenado de lujos, comodidades, se ha preocupado por mí salud, mi estética y por todo lo que puedo o no necesitar. Pero hasta ahora pocas veces ha llegado a molestarse porque no quiera acatar alguna orden suya, sí, se enoja cuando lo hago demasiado seguido, pero no hace conmigo lo que hacer con otros que lo desobedecen. Él es un ser indescifrable, nadie sabe lo que siente y mucho menos lo que siente.  Yo, tampoco, aunque muchos de la mansión crean que lo sé todo de él porque pasamos juntos casi la mañana entera, más no es así. Mientras yo soy obligada a estudiar ética, buenos modales en la mesa y como caminar con elegancia, él resuelve sus propias tareas, una de que otra vez ha llegado a interrumpir mis clases con los gritos y maldiciones que le dice a la persona que habla con él. La mayoría del personal de servicio en la mansión cuentan que la actitud fría, calculadora, aterradora, asesina y depredadora en Adrik, se debe que su antigua pareja, la mujer realmente si amaba murió a manos de la policía, en algún operativo que realizaron hace ya siete años. Bueno, eso es lo que creen ellos, ya que de un momento al otro, la mujer alegre que vivía en la misma casa en la que estoy cautiva, desapareció sin dejar rastro y la actitud de Adrik cambia radicalmente. Para ellos es la mejor explicación que hay para ello. Para mí, tal vez la mujer no era tan santa y tan buena como dicen los empleados, quizá lo engaño con alguno de sus socios y tanto ella, como él pagaron las consecuencias.  Sí, puede que sea malo que piense así de alguien que ya falleció y que no puede defenderse, pero alguien solía decir: "Piensa mal y acertarás"  Además de que cuando una persona muere, a pesar de que tal vez no fue la mejor persona en vida, toda la gente que la conocía tiende a hablar maravillas de ella, aunque fuera lo contrario. Así que puedo estar equivocada...  Aun así nada justifica el hecho de que este hombre quiera casarse conmigo. Alguien con tanto poder como él, porque querría de pareja a alguien que no tiene poder. Es completamente absurdo. -Caeli... -me llama, lo miro y el apunta al apta de matrimonio-, firma, debes firmar.  -¿Por qué? -pregunto, porque es lo único que me sale de la boca-. Hay otras mujeres que estarían gustosas de ser su esposa...  -Quizás sea así... pero no las quiero a ellas -sacude a cabeza en negativa-. Te quiero a ti, Caeli. Ahora firma -ordena.  -No puede obligarme, ante la ley cuando se cumple la mayoría de edad nadie puede decidir por otra persona -miro a la mujer a un lado de la camilla de Adrik, pidiéndole ayuda.  -Es cierto, Adrik. Ella está en todo su derecho de elegir que quiere hacer con su vida y a fin de cuentas ella no te debía nada, era su madre y ya está muerta -dice ella. Lo que de cierto modo me molesta, ya que aunque mi madre hizo mal en varias ocasiones. Era mi madre y eso nadie se lo va a quitar.  -Antonella, esto es un problema entre ella y yo. Puedes irte, ya hiciste lo que te pedí -sentencia él, corriéndola de manera fría y déspota.  -Pero debo esperar los documentos, sabes como es... -él la interrumpe con el ceño fruncido.  -Te he dicho varias veces que fuera de mi oficina no puedes hablarme informalmente, regresa y has lo que te digo -demanda con voz fría y cortante, su voz tiene más filo que cualquier cuchillo en su cocina.  -Sí, señor Lombardi -ella no dice nada ya agacha la cabeza, para después salir de la habitación. Aunque sea su abogada no le importa tratarla como basura. Como un animal siguiendo las ordenes de su dueño.  -Para eso quiere que me case con usted, ¿para tratarme como un perro? -pregunto molesta, yo no soy la mascota de nadie y aunque me haga su esposa legal nunca obedeceré al pie de la letras sus palabras, no esta en mi sangre.  -No, si yo quisiera domesticarte usaría otros métodos, pero eso no es lo que me interesa -parpadeo fuera de mí. No logro entenderlo.  -Quiere dejar de jugar y decir sin tantos rodeos porque me esta obligando a casarme con usted... -Tu tienes algo que las demás mujeres no... -ruedo los ojos, esa es la típica frase de cualquier novela. -Eso no funciona conmigo. Quiero la verdad -demando cruzándome de brazos y mirándolo fijamente-, hable.  -Caeli... -amenaza, pero hago caso omiso-. No aprenderás jamás. Esa es una de las razones por las que quiero de te cases conmigo -ruedo los ojos, con aburrimiento.  -Sigo sin entederlo, de verdad -expreso dejando caer mis brazos a cada lado de mi cuerpo.  -Dijiste otras mujeres y estoy seguro que te referías a las que conociste en la gala -asiento, porque esta en lo correcto-. Ella tienen algo que a ti te falta, pero tu tienes muchas cosas que ella no. Ellas tienen dinero, tu no. Tu tienes astucia, sigues tus propias normas y no te rindes, sin añadirle también que amas tener el control de tu vida -él me da una sonrisa de esas que ha cualquiera mataría. Pero no a mí.  -Tiene razón en lo que ha dicho, pero sigo sin ver, o mejor dicho, sigo sin escuchar la razón por la que debo aceptar... -él suspira y se encoje de hombros.  -No lo sé, te estoy ofreciendo la única cosa que te falta. -¿Qué según usted me falta? -cuestiono. -Dinero, poder... -suspiro molesta, se está burlando de mi estatus como persona humilde.  -¿Cree que con eso podrá hacer que acepte? -él asiente-. No lo creo, no firmaré -me doy la vuelta, dispuesta a salir de la habitación de hospital.  -¿Quieres encontrar al asesino de tu hermano, no es así? -pregunta levantando un poco la voz-. Sí firmas eso, te aseguro que te entregaré al asesino de tu pequeño hermano y podrás hacerle todo lo que él te hizo a tu hermano.  -Cómo puede garantizarme que no faltará a su palabra cuando obtenga lo que quiere... -interrogo, con desconfianza al cien por ciento.  -Creí que conocías ya algo de mí Caeli -se acomoda en su camilla-, si mi objetivo contigo hubiera sido matarte desde un principio lo hubiera hecho y ya.  -¿Me da su palabra? -indago con desconfianza. Le extiendo mi mano y él asiente con una sonrisa, pero no una dulce y con lastima, es una sonrisa perversa.  Puede que sea cierto que él nunca ha dejado de hacer algo que haya dicho con anterioridad, por más problemas que se le presentaran. ¿Pero realmente puedo arriesgarme a confiar en alguien como Adrik? Después de todo él es un mafioso, no debería fiarme de él. No debo confiar en un hombre como Adrik Lombardi, es peligroso y sus socios lo son aun más.  -¿Firmarás?  -Si lo hago, qué sigue -interrogo, tomando con fuerza el bolígrafo.  -Nuestra boda... -arrugo el entrecejo-. Esto debe parecer real, todos deben creer que nos amamos.  -¿Cuándo...? -pregunto sin el entusiasmo normal de una futura esposa en mi voz.  -Lo más pronto posible -aclara él, acercándose a mí para tomar el documento y el bolígrafo, y firmar en las tres secciones donde lo pide-. Tu turno -toma el bolígrafo y firmo el apta. Al terminar de hacerlo me incorporo y antes de tener la oportunidad de separarme, él envuelve su brazos en mi cintura-. Este solo es el primer paso, esposa mía... -...  Con esas simples palabras me di cuenta de que sí iba a cumplir con su palabra, pero que para lograr encontrar al infeliz que le quito parte de su alma a mi madre y parte de mi corazón, debo hacer algunos sacrificios. El camino a partir de aquí tendrá varios altibajos. Lo cuales debo ser capaz de cruzar, antes de que consuman por completo. 
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