Estaba asustada, pero podía respirar tranquila, al fin Martín se había ido de la casa, pero Fabián me veía y me miraba con una expresión como si estuviese pensando.
“Vi a Danna nerviosa, no se podía tranquilizar tan fácilmente, estaba sentada en el suelo en posición fetal, fui con ella para ver en qué le podía ayudar, pero ella retrocedía del miedo” creía Fabián en sus adentros.
— Señorita — se acercó a mí con cuidado
— No, no sé acerqué, por favor — le rogaba temerosa, tenía miedo.
— Por favor no tenga miedo dame su mano — me dijo mientras intentaba acercarse a mí.
— ¿No me hará daño? — le susurraba nerviosa.
— No bonita, no te haría daño — me susurró con ternura.
Lo miraba con mis grandes ojos azules, yo lo miraba, pero había algo en el que hacía que yo me estuviera hechizando él y yo no nos conocemos, pero por qué el vino en mí auxilió para protegerme, de repente me acogió en sus brazos me estaba abrazando yo me ponía muy nerviosa, pero había algo en el que podía confiar.
— Permítame ayudarla — me dijo el para que me sintiera más segura.
— Gracias, pero aquí me quedo — le dije tímidamente.
— No es seguro que esté aquí, ¡Él puede regresar! — exclamó con gran preocupación al ver que yo me quería quedar en aquella casa.
— No se preocupe, él no regresará — le decía intentando tranquilizarme.
— Disculpe la insistencia, pero no creo que usted se debe de quedar aquí — me dijo preocupado por la situación.
— Yo estaré bien — le dije intentando convencerme de que Martín ya no regresaría.
— Por favor señorita déjeme hacer algo por usted Aquí no es seguro ven vamos a mi casa — me dijo intentando convencerme.
Yo lo miraba, sin embargo, dudaba un poco en ir a su casa, pero finalmente accedí.
— Está bien iré a casa con usted — le dije algo tímida.
Me dio su mano, yo la tomé haciéndose presente esa corriente eléctrica que sentimos hace unos momentos me ayudó a salir de la casa y me subí a su carro, él manejó hasta su departamento, al llegar ahí estaba muy tímida, ya que había olvidado la ropa que me iba a poner.
— Perdón, pero tengo que regresar a mi casa — le dije intentando escapar.
— No se vaya señorita, quédese — me dijo mirando mis ojitos azules, yo tartamudeaba, pero él me convence quedarme solo por esta noche.
— Está bien, me quedaré — le dije algo convencida.
Inmediatamente, fue a buscarme algo de ropa para qué yo me cambiase, tomó una playera suya más un pantalón de mezclilla para dármela en mis manos haciendo que la sangre subiera por mis mejillas.
— Gracias iré a cambiarme — le dije agradeciendo la ropa qué me había prestado.
Me prestó su ropa, le agradecí por haberme prestado su ropa, fui al tocador a cambiarme cuando salí, vi una de sus maletas viejas, el nombre del Fabián Reyes, por última vez me vi al espejo cuando salí él estaba preparando un café.
— ¿Lo quieres con azúcar o sin azúcar? — me pregunta Fabián abriendo la azucarera.
— No, me gusta amargo — le dije a Fabián para que no le pusiera azúcar a mi café.
Él me ve y suelta una risita tierna.
— Te miras mejor con mi ropa, qué yo con ella — me dijo Fabián sonriendo con ternura.
— Gracias — le agradecí a Fabián, recién estaba empezando a llover y me paro a ver la ventana, a decir verdad, me tranquiliza mirar la lluvia, vi que él se para junto a mí, los dos no nos decíamos ninguna palabra no era un silencio incómodo, por el contrario, era tranquilizador parecía extraño lo conocí en una pelea, en la que él me defendía sin conocerme él me miraba me sonríe de nuevo dándome seguridad y confianza.
— ¿Te gusta la lluvia? — me pregunta Fabián mientras me miraba.
— Si — le afirme de nuevo. No es qué sea metida, pero vi una maleta vieja, qué decía tu nombre - le decía a Fabián empezando a ladear mi cabeza.
— No descuida esa maleta me la dio mi madre cuándo le dije qué iba a estar en Nueva York — me dijo Fabián recordando
los momentos qué él se vino a México.
— Qué bellos recuerdos han de haber sido para ti — le dije sonriendo.
— Sabes a veces pienso qué esto lo había pasado antes — me dijo Fabián con una sonrisa en sus labios.
— Por qué lo crees — le dije algo sorprendida por lo que me había dicho él.
— No lo sé, solo sé qué parece qué esto lo he pasado antes, por eso me pareció natural invitarte a mi casa — me responde Fabián mirándome de nuevo con esa mirada pícara qué él tiene.
— Entonces sabes lo qué pasará esta noche — le dije a Fabián mientras lo miraba.
— No sé, en este momento no puedo recordar nada más, espero qué no la incomode — me dijo Fabián, algo preocupado.
— No te preocupes, no me incomodas para nada, por el contrario, me has hecho pasar un momento muy agradable — le dije con sinceridad a Fabián haciendo qué él me sonriera.
— ¿Me permite decirle algo? — me preguntó Fabián tímidamente.
— Dime — le dije mientras me iba a sentar en el sillón.
— Tiene usted una mirada muy bella — me dijo Fabián haciendo qué yo me sonrojará.
No le respondí nada, solo lo miraba, no sé qué me estaba pasando con él, pareciera qué el momento detuviera frente a nosotros, él me dejó la cama y él se fue a dormir en la sala, a decir verdad, no podía dormir después de lo que sucedió en esta noche ¿Qué habrá pasado con Martín? Me preguntaba yo misma, no quería pensar en nada más, quería dormir un poco y no pensar en nada más.