... Doy vueltas en la cama, no puedo conciliar el sueño. Ya es tarde, es de madrugada en unas horas habrá amanecido y si no encuentro la manera de dormirme voy a parecer un zombie por la mañana. Ladeo la cabeza, Aleksander duerme como un bebé. No es justo que descanse tan plácido con tantos crímenes y demonios en él, pero yo que soy una víctima me he vuelto rehén de pesadillas y tormentos. —Luna, ¿qué haces? —cuestiona con la voz más ronca de lo habitual. —No puedo conciliar el sueño. Saber que pasado mañana estaré frente a papá y desconocer cómo saldrá todo, me pone nerviosa —explico temblorosa. —Ven aquí —tira de mí hasta dejarme posar la cabeza en su musculoso pecho, pasa un brazo sobre mí, y una de sus palmas caliente descansa en mi cintura desnuda —. ¿Mejor? La verdad es que me

