—Sí, sí que lo es, Aleksander —admito. No me alejo de la bruma que él ocasiona tan pronto y profundo en mí. Ni siquiera entiendo por qué se genera, es molesto, me siento enferma y demente al mirarlo de esta manera. Al cabo de un rato me da hambre, prefiero no decirle, es tan indescifrable e inestable su humor que temo inquirir si iremos o no a comer. Es él, supongo que hambriento también, que saca el asunto a colación. Terminamos concurriendo a un restaurante italiano, uno de las más referentes de la ciudad. Se trata de un restaurante italiano, muy grande, con terraza, bonita decoración, donde igual puedes comer, cenar o simplemente tomar una copa. La gastronomía italiana es deliciosa. No me resisto. La comida es la típica de una pizzería (pastas, pizzas), aún así también tienen platos

