—Bien. Hemos llegado. Estoy muy agradecida de que me hayas traído al hotel—espetó al intentar descender del auto, pero la calidez de su mano la retuvo sobre el brazo del asiento. —Espera. Recuerda que cenaremos juntos en el vestíbulo. Titubeó antes de asentir y se entregó a las atenciones del botones que se hizo cargo de su recepción. —Necesito cambiarme e instalarme en mi habitación, creo que tú también debes hacer lo mismo. —Por supuesto. Te sigo. El botones se hizo cargo del equipaje y otro empleado, de las llaves y ubicación del auto para que ambos continuaran hasta la recepción en donde aguardaban por ellos. La señorita a cargo se mostró muy cordial y en claro español nacional le enfatizaba el número y pisos de las habitaciones. La trece y catorce. Habitaciones continuas. Una ve

