“Siempre he dicho que la gente no cambia, pero no sé si la manera en que mi personalidad se fue flexibilizando puede ser definida con la palabra “cambio”, seguí siendo obstinada, orgullosa y desconfiada con los desconocidos, pero todo aquello con menor intensidad. Con el tiempo, John ayudó a curar mis viejas heridas, de hecho, me insistió tanto en buscar el perdón hacia mi madre y que le diera la oportunidad de hablar conmigo, que accedí, al fin y al cabo, nada quitaría que ella me trajo al mundo. Después de tanto meditarlo, la busqué, la encontré y descubrí las condiciones tan deplorables en la que vivía, hablé poco con ella, pues mi flexibilidad no llegaba a tanto como para perdonar de un momento a otro solo con verla; sin embargo, no podía dejarla seguir viviendo de esa manera, así que

