AURORA
Tengo los ojos de par en par, miedo a la figura parada frente a mí. Sus ojos eran de colores; tenía uno rojo y el otro de un color gris.
—"Contéstame, como infierno, me falta al respeto luego de invocarme".
Agarré la mano que tenía en mi cuello para poder hablar, pero él no me soltaba.
—"Te mataré y voy a disfrutar escuchar cómo tu hueso suena mientras lo hago".
Sus palabras solo hacían que mi corazón latiera más rápido. Maldición, tenía que hacerle caso a la advertencia del hombre: no abrir los ojos, no importa qué, si no me autorizan.
Me levantó del piso tan alto que mis pies no tocaban el suelo; luego, soltó su mano y caí al piso.
—"Pídeme perdón y escucharé lo que tenga que decir".
Empecé a toser por la falta de aire.
—"Maldición, ustedes los humanos son tan débiles".
Sentí una mano en mi barbilla y me levantó la cabeza.
—"Pídeme perdón y puede que considere no matarte".
—"Perdón por faltarte al respeto, no volverá a pasar".— Tenía que decirlo; no quería morir a manos de un demonio sin antes cumplir lo que quiero.
Me levanto del suelo y me miro de arriba abajo.—"Entonces, ¿qué quieres que haga por ti? ¿Cuál es tu mayor deseo?"
—"Q-quiero ser una chica popular en la universidad".
Me miro de nuevo antes de soltar una carcajada.—"Por nombre a mi rey, puede tener lo que quiera y tú quieres ser una chica popular de la universidad".— Volvió a reírse.—"Ustedes, los humanos, son tan estúpidos que no son capaces de aprovechar el uso de un jodido deseo".— Volvió a mirarme.—"Bueno, aunque el tuyo no está mal, como uno que quiso que le pasaran todos los exámenes de la universidad".
—"¿Me cumplirás lo que deseo?"
Se acerca a mí.—"No, ¿crees que dejaré que salgas impune luego de faltarme al respeto? Dije que te escucharía, pero no dije que te perdonaba".
Y, sin previo aviso, me tomó de nuevo por el cuello, alzándome. —"¿Qué tienes tú para ofrecerme a mí, para no terminar con tu miserable vida ahora?"
Quería responder, pero su mano en mi cuello me lo impidió. Cuando creía que era el final para mí, él se acercó a mí; ahora sentía su aliento en mi cara.
Entonces comenzó a olfatearme como un puto lobo. Empezó a bajar más abajo; miré cómo bajaba su cabeza tanto como podía, pero nunca aflojó su agarre de mi cuello.
Cuando su cara volvió a subir, me topé con sus ojos, más brillantes que antes.
—"Me retrato; sí que tienes algo muy importante que ofrecerme".
Lo miré desconcertada; él me sonrió con la malicia en persona, y claro que lo era. —"Quiero tu virginidad y cumpliré no solo un deseo, te daré dos deseos".
Antes, tenía los ojos abiertos; ahora, estaban mucho más. Él me bajó despacio y soltó su mano de mi cuello.
Respiré despacio antes de mirarlo. —"¿Cómo sabes tú que soy virgen?" —Nadie lo sabía.
Él se acercó a mí. —"No importa cómo, importa si me la dará".
—"Está loco, claro que no".
Se alejó de mí. —"Piénsalo bien, dos deseos por algo insignificante como tu virginidad". —Empezó a caminar hacia la pared. —"Si cambias de idea, solo mírate en el espejo y di: 'Yo, Aurora, invoco a Vlad el demonio para establecer el pacto'".—Y así, sin más, desapareció por la pared.