Jonathan está frente a mí y la sonrisa que curva sus labios es tan maléfica que me causa escalofríos. Retrocedo un paso de forma torpe, intentando que mi respiración no alcance a llegarle a la nariz para que no sienta el olor a alcohol pero ya es tarde. Él mira detrás de mí, aprovechándose de su altura, y ve a mis amigos y las muchas botellas de cerveza que están sobre la mesa de centro. Todo mi cuerpo está helado y un sudor frío me congela la nuca. —¿Ya ves que se descubre primero a un mentiroso que a un ladrón? —el señor Bruce señala, sonriendo de forma socarrona— Por un segundo pensé que habías cambiado pero me doy cuenta que sigues siendo el mismo irresponsable que la primera vez que te vi. He estado vigilando tus pasos, Nicolai y tengo las pruebas suficientes para desenmascarar a un

