Lo primero que hago cuando llego a casa del trabajo es fruncir el ceño y apretar los puños con fuerza para intentar controlar el jodido mal humor. Tristan está sentado en el sofá de mi sala jugando videojuegos junto a Drew. Mi hijo me lanza una mirada rápida antes de apretar los botones del mando de Tristan, haciéndolo reír. —Hola, Nick. —me saluda Tristan— Espero que no te moleste que el melocotón y yo estemos jugando un poco. Fue su idea... —se excusa y se inclina hacia la izquierda, como si eso consiguiera que el coche que aparece en la pantalla lo hiciera también— y ya sabes que yo no puedo resistirme ni a los juegos de video ni a tu hijo. ¡Estás haciendo trampa, Drew! —¡Tú también lo hiciste, tío T! —reclama Drew. Sube los pies al sofá y los recarga en el reposabrazos para estrellar

