Cuando estaciono el coche fuera de nuestra casa, siento como si el estómago se me anudara por completo al ver un costoso coche ocupando mi lugar fuera de mi casa. Le lanzo una mirada fugaz a Drew que está jugando con un cubo rubik en completo silencio, ajeno totalmente a nuestra inesperada visita. Quito las llaves y le aviso a mi hijo que ya hemos llegado sintiendo un leve temblor en mi voz. Me bajo en completo silencio y saco del asiento del pasajero su mochila y mi bolso del trabajo antes de tomar la mano de Drew para cruzar la calle y adentrarnos en nuestro garaje. Frente a nuestra puerta de entrada se encuentra Jonathan hablando por teléfono de forma muy acalorada. Drew lo mira con los ojos bien abiertos y cuando el hombre siente nuestra mirada, cuelga la llamada sin tomarse la molest

