Como es de costumbre en los días domingos por la tarde, me toca trabajar. El día es flojo y sólo algunas familias deciden visitar el restaurante y comer allí. Atiendo las pocas mesas que están ocupadas y después de servir las comidas, me dedico a conversar en la cocina con mis compañeros de trabajo. Como el turno de Tristan ha sido en la mañana, él está cuidando a Drew en estos momentos y hace un par de horas, me ha llamado para avisarme que él y mi hijo irían al museo. La herida que me he hecho ayer en el dedo ha sanado perfectamente y ahora sólo se ha convertido en un pequeño malestar. —¿Nick? Detengo la charla con Alex, una de las cocineras, y miro hacia atrás encontrándome con Max. —¿Sí? —La mesa ocho necesita ser atendida. —informa y sonríe antes de desaparecer. Me encojo de hom

