Capítulo 3: Reunión con Bastian Leroy, parte 1.

1452 Words
Narra Amelia Entré en el apartamento completamente acelerada, supe que correr fue una mala idea cuando estaba a la mitad del camino. Ya sentía que estaba más aquí que de aquel lado, así que decidí avanzar. Me apoyé de la puerta y solté una bocanada de aire, cerré mis ojos y sentía aún mi corazón acelerado como si hubiese regresado de aquel lugar corriendo. Al abrir mis ojos, me encuentro a Cloe apoyando su cuerpo de una muleta. —¡¿Qué carajos pasa contigo?! —gritó desesperada—. Te he estado llamando, ¡¿Por qué no contestas el teléfono?! —Cloe, puedo explicarlo. Ella intenta dar saltos porque le cuesta caminar con muleta, estaba enojada, lo notaba; era obvio que estaba furiosa después de eso que había ocurrido. —Me han estado llamando de distintos números, casi me explota la cabeza ¡¿Cómo pudiste traerte el vestido puesto?! Debías traerlo en una bolsa, Amelia ¡Una bolsa! ¿Qué pasa contigo? Esa gente está como loca, hasta amenazaron con llamar a la policía, creyeron que éramos unos espías de no sé qué. Dios mío, hasta aquí llegó mi negocio, esto es… esto es… ¡Es una mierd*! Ella no puede acercarse, lo que agradecí, de hacerlo me toma del cuello. Al final termina apoyándose de una silla y baja su cabeza. —Ya me desahogué —soltó con voz más calmada—. Ahora dime, ya puedes explicarme lo que pasó. Estoy más que segura que tienes una explicación lógica para todo esto, ¿verdad? Te conozco de toda la vida y tú… tú tienes una buena razón por traer puesto un vestido de diseñador, por favor, dime ¿Qué pasó? Ella me mira con una sonrisa, la cual se le borrara, porque lo que diré no tiene sentido. —Me asusté, eso fue lo que pasó. Entré a ese lugar, así como me pediste y… es que era demasiado bonito y dije “no creo que pasa nada si me lo pruebo unos segundos” creí que estaba sola y ¡Pum! Aparece un hombre de la nada gritando, estaba completamente loco, lo juro. Debiste ver sus ojos como estaban, levantaba sus brazos como loco y me asusté. En ese momento no pensé en la nada más que correr. —¿Correr? Oh, claro… correr —dice con esa misma sonrisa—. Corriste desde… corriste con ese vestido puesto, ahora sí estoy perdida. —Lo siento, cometí un grave error, no debí usarlo; pero de verdad me asusté. No fue la mejor reacción, pero no tuve tiempo para pensar, pasó muy rápido. Era un demente el que había entrado a ese almacén, ¿Cómo no correr? —Ese demente, es Bastian Leroy, el CEO de Leroy Company. Estaba como loco, porque estabas usando una pieza limitada de su nuevo lanzamiento. ¿Sabes cuánto cuesta eso que llevas puesto? Negué lentamente con mi cabeza. —Lo pagaré —solté antes de escuchar la respuesta. —¿En cuántas vidas? Eso cuesta… —¡No! —grité tapando mis orejas—. No quiero escuchar, es mucho dinero ¿verdad? —Más del que podemos ahorrar juntas en un maldito año, aunque trabajemos como mulas sin descanso. Eso vale más que nosotras dos. Es una puta edición limita, solo tres harán de esta pieza para toda Europa, tres —recalca abriéndome los ojos y levantando sus dedos. —Lo voy a resolver, me conoces, sabes como soy y lo voy a resolver. Esto no es normal para mí, solo no tuve un buen día, lo voy a resolver. Cloe se vuelve a levantar de su lugar y cojea hasta poder acercarse, ella mira el vestido y empieza a detallarlo. —Bien, creo que… creo que no se ve tan mal —dice mirando cada detalle—. Quizás está algo sudado, pero las aplicaciones y la tela se ven bien. Podemos lavarlo y… ¿Qué es esto? ¿Dónde… dónde está…? Aquí, aquí falta una… Dios, creo que me está dando un infarto, necesito volver a urgencias; ya no puedo respirar. —¿Qué? ¿Qué pasa? Cloe ¿estás bien? —Rompiste el vestido —dijo en voz tan baja que era casi inaudible. —¿Qué? —¡Rompiste el vestido! —grito levantándolo al punto de ver el desgarro tan hijo de su madre que tenía. Tapé mi boca con ambas manos y se me cortó también la respiración, creo que también debo ir a urgencias. —Decido ir a prisión —soltó Cloe—. No podemos pagar esto, así que diré que llamen a la policía, empacaré mis cosas y le marcaré a mi madre para que sepa que iré a prisión. Seré la primera de la familia en pisar una cárcel. —No, no iremos a prisión. Prometo que lo resolveré, iré a ese lugar y pediré una disculpa ¿De acuerdo? Todo fue un malentendido. —Con un “lo siento” no vas remendar ese roto que trae el vestido, Amelia. Te recomiendo que también llames a tu madre. Cloe toma su muleta para volver a su cuarto, estaba jodidamente mal por causar problemas. De la nada su móvil vuelve a sonar y cuando ve el número en la pantalla se altera. —Por Dios, son ellos; son ellos de nuevo. ¡son ellos! Tomé el móvil de su mano y respondí en su lugar. —Hola, soy Amelia soy… soy Amelia Bonnet, yo tengo el vestido y debo decir que estoy muy avergonzada por lo que pasó, todo fue un malentendido, iré ahora mismo a devolver el vestido. —Venga mañana a primera hora a Leroy Company, por favor no olvide traer la pieza. —¿Eh? Oh, sí, ahí estaré. La mujer cuelga la llamada y traté calmar a mi amiga. —Ves, todos están calmados, iré a llevar el vestido mañana y todo se arreglará. Tu negocio seguirá bien y todos vamos a reírnos después de todo esto. Ven, déjame ayudarte, te llevaré a tu habitación. —¿De verdad? ¿todo está bien? Ella tenía mirada de borrego a medio morir. —Sí, dijeron que fue una confusión, que comprendían. Pero que mañana lo lleve limpiecito al almacén, así que tú ve a dormir; yo iré a lavar el vestido y dejarlo bien lindo para llevarlo con sus dueños. Ella asentía procesando cada cosa que salía de mi boca, la pobre tampoco tuvo un buen día para yo completar sus males. Esa noche intenté ser extremadamente cuidadosa, usé los productos de Cloe para dejar el vestido impecable, de tener la otra parte que le falta lo hubiese arreglado. Con esta, sería mi segunda noche consecutiva sin dormir, pero no me importó, me esforcé para que quedara como nuevo. —Ya está —dije cerrando el cierre de el forro. Tan pronto lo guardé, escuché la alarma en el fondo, ¡mierd*! Me apresuré para bañarme y vestirme con algo presentable, también debía buscar una cara porque la mía se me había caído en el camino, que vergüenza. Busqué mi móvil por todos lados y al no encontrarlo, no tuve más alternativa que salir sin el. Un taxi volvió a llevarme a Leroy Company, debo confesar que las emociones de ahora, son más fuertes y más abrumadoras que la de ayer. En mi mente pensaba en un discurso, unas palabras de disculpa y en una manera coherente de explicar lo que había pasado. Llegué a aquel lugar y desde que vi al vigilante, sentí que debía bajar mi cabeza, la mirada del hombre y la mirada del resto de personas en el interior, era terrible. —Buen día —saludé forzando una sonrisa. —El señor Leroy la espera —dice una mujer con mal tono—. Ultimo piso, la oficina del pasillo D. Parece que todos saben lo que pasó. Subí a un elevador y presioné el botón del último piso, en ese segundo que vi las puertas metálicas cerrarse, levanté mi mirada y tenía docenas de pares de ojos viendo con enojo. ¡Ay Dios! Mis manos sudaban tanto que debí pasarlas por mis jeans varias veces, mi corazón me palpitaba en el ano y mi saliva amenazaba con ahogarme. —Fue un malentendido, vienes a dar la cara; pedirás una disculpa y todo estará bien —susurré antes de llegar a mi piso. Caminé hacia el pasillo D y pude ver la puerta de la oficina de este hombre, la placa mostraba su nombre, lo que más resaltaba era lo que decía “CEO” Toqué un par de veces a la puerta y tomé aire, luego de unos segundos escuché: —Adelante.
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