Me quede mirando a ambas llevándome la manos a la boca, Ana era una bruja. —De que hablas—dijo Ana con la cara retadora. —Tú lo sabes Anabel, es mejor que te vayas y dejes Elizabeth tranquila. —Susana esta roja del coraje. —Esta casa era de mi padre, y ahora es de mi hijo. —También era mi padre y lo sabes. —Cállate Susana o te…—alzo la mano para cachete arla. —O que harás—le tomo la mano Susana. —Vámonos Gema—dijo Ana, no queriendo que se revelara algún secreto. —Esto no se va a quedar así, las dos me la van a pagar—nos señaló con el dedo. Susana se sentó en el sofá y comenzó a llorar fuerte, sus ojos hinchados y su chanto era perturbador y doloroso, podía sentir su dolor. Me acerque a ella acariciando su espalda. — ¿Quieres que hablemos Susana?—pregunte con mis ojos aguados, p

