No dejo que hable cuando veo que tiene intenciones de hacerlo, actuó casi robóticamente, como si lo que fuera hacer, fuera una corografía previamente planificada. Empiezo a mover rítmicamente mis caderas sobre su dureza, notando como esta se va haciendo más dura conforme me voy moviendo. Paso mis manos por mis muslos lentamente hasta encontrar sus manos, las agarro y las llevo hacia mis glúteos, donde él no duda ni un solo segundo en apretarlos con deseo. Dejo sus manos en ese lugar y llevo las mías hacia el cierre de mi sostén, lo desabrocho rápidamente y dejo rebotar mis redondos pechos para luego lanzar la prenda hacia un lado de la habitación, sin despegar ni un solo segundo mi mirada de la suya. Más tarde procedo a quitarle la bata blanca de doctor, donde recibo un po

