Capítulo 20

1301 Words
El joven sobrevuela la ciudad de Nueva York, una ciudad que ya se le hacía bastante familiar, a pesar de solo haber estado dos días allí, pero bueno, era la única ciudad que conocía por el momento. Decidió regresar al cielo, mientras Mia se iba a lo que le quedaba de clases, esto para que su papá pudiera verlo en casa y no sospechara nada, ya después vería que excusa poner para volver a escaparse. Ahora lo que debía hacer era entrar de inmediato a la ducha, no quería llegar oliendo a humano una vez más. Stephan entra de puntillas, abre la puerta del baño y… un fuerte grito por parte de su hermano lo hace saltar. —¡¿Qué no sabes tocar?! —Era Andrew, el también estaba en la ducha. —Lo siento, lo siento, no pensé que te bañarías a esta hora… ¿qué pasó? —le pregunto a su hermano mayor. ¿Lograste tirar mi flecha? —Sí, todo en orden con eso… ¿tú lanzaste las que querías? —Solo una, en un rato regreso por la otra… —¿Por qué no la lanzaste? —No encontraba al chico… —Ay Stephan, si no lanzas tu flecha echarás todo a perder, lo sabes —le dijo Andrew ya saliendo del baño, dándole paso a que se bañase. —Lo sé, si lo lograré, ¿tú por qué te haz bañado? Creí que lo hacías en las mañanas… —Pues si… pero… —Pero… —Interactue con una humana —Stephan abrió sus ojos de par en par, ¿su hermano rompiendo las reglas? —Sabes que no es ilegal, tenía que, era una emergencia —le dice, aunque realmente no lo era del todo. —¿Y que tal el flechazo? ¿Lo lanzaste a la hora? —Sí, casi casi no lo hago, Daria me hizo dudarla… —¿Daria? —Sí, resulta que ella cuidaba a la hija de a quién le debía romper el corazón. —Auch… —Sí… —Si que estabas entre la espada y la pared, hacerle caso a tu hermano de siempre o a la chica que te gusta… —¡Que no me gusta Daria! —replicó Andrew dándole un ligero golpe a su hermano. —Andrew ¿por qué no lo aceptas? ¿Qué hay de malo en decir que te gusta ella? —Stephan por favor, basta con tus sonseras, ¿quieres? —Yo solo digo… —Ella es menor, jamás me vería como algo más y no, no me enamoraré, los cupidos no se enamoran, no hemos nacido para eso. —¿Quién dice? —Pues papá y con que lo diga él basta —le dice su hermano molesto, ya esta harto que le insinué cosas así. Le gusta Daria, es verdad. Pero no está para relaciones, no es un ser que debería sufrir con cosas así… Stephan sale del baño después de darse una refrescante ducha, ya estaba limpio, libre de cualquier olor a humano. Mira la hora, aún tiene tiempo de quedarse acá arriba un momento, quiere ver donde puede cruzarse con su padre, para que note su presencia. El jardín, de seguro su padre esta en el jardín, se pone un poco de loción antes de salir a su encuentro. —Voy al jardín, ¿vienes? —le dice a su hermano. —¿Para qué? —Necesito que papá vea que estoy aquí antes de salir hacia La Tierra… —No puedes salir hacia La Tierra, ya no te quedan misiones… —Claro que puedo, solo que no debo… pero papá no lo notará, confía en mí. —Pides mucho hermanito… Andrew va tras Stephan, quiere ver el ridículo que hará en el jardín charlando con su padre. Allí lo ven, contemplando el horizonte mientras juguetea con su gran barba. —Muchachos… ¿Qué los trae por aquí? —dice él a penas nota la presencia de ese par. —Hola padre —saluda Stephan acercándose a él —¿Cómo va todo? ¿Cómo va todo? Ay Dios, Stephan estaba siendo más que obvio. Nadie, realmente nadie se le acerca a Dios solo para decirle eso. —Pues bien… estoy muy satisfecho, vi que lanzaste tu flecha justo a tiempo Stephan, dos días impecables, me sorprendes hijo. —Gracias padre, hago mi mayor esfuerzo… —le contesta Stephan haciendo que Andrew rueda los ojos, el debería estar recibiendo esas felicitaciones. —¿Y tú Andrew? Hoy lanzaste fuera de tiempo… ¿Qué pasó? ¿Qué que pasó? Pues sencillo, tuvo que volar desde Bali hasta Chile sin parar, después de haber hecho el encargo de su hermano y claro, distraerse un poco con Daria. Pero solo tardó dos segundos en lanzar la flecha, realmente no creyó que su padre lo notaría. —Pero solo tardé dos segundos… —Solo —ríe su padre —eso es lo que tu crees, pero cada segundo mal calculado afecta toda la cadena de sucesos… prométeme que no me fallarás otra vez. —Esta bien, seré más exacto para la próxima… —Bien chicos, igual estoy orgulloso de ambos, van teniendo un buen desempeño, creo que merecen un premio, ¿quieren algo? —¿Algo como qué? —pregunta Andrew, jamás su padre lo había felicitado por su desempeño. —Lo que más anhelen, cualquier cosa… —Andrew anhela enamorarse… —suelta Stephan haciendo que los otros dos abran los ojos de par en par. —No le hagas caso padre, esta mintiendo, creo que el que quiere enamorarse es él. Su padre suelta una carcajada —Ay mis muchachos, ¿en serio quieren eso? —¡No! —suelta Andrew que ya está rojo de la vergüenza —No quiero eso, al menos yo no… —¿Entonces que quieres? —Leí sobre una pócima quita memoria… me gustaría tenerla… —Oh, mi famosa poción… ¿para que la quieres? —Sería buena para alguna emergencia, ¿o no? —Pues sí, me parece un buen regalo, y más para ti Andrew que cada día estás mas expuesto a ser visto, ten —le tiende un pequeño pomo —contiene 4 gotitas, úsalas con sabiduría por favor, basta una para borrar la memoria de un día. La memoria de un día, sonseras, Stephan había usado más de una gota y a Mia no se le había borrado nada de nada. ¿O quizás la de él sería falsa? —¿Realmente eso funciona? —pregunta Stephan, si le dice que si tendría que quitarle un poco a su hermano, Mia aún recordaba todo y eso podría ser perjudicial… —Pues claro, yo mismo la hice… —Yo también quisiera eso —le dice Stephan. —No, no, hijo. Me encantaría darte, pero realmente tú no la necesitas aún, tal vez en un futuro… —Pero prometo que lo cuidaré bien. —No pequeño muchacho, ten —le alcanza unas hojas color esmeralda —esta es una planta sanatoria, puedes dársela a cualquier enfermo y se curará de inmediato, creo que esto te servirá más, en La Tierra hay muchísimos animales y mañana en tu misión a la selva peruana quizá encuentres uno que otro moribundo, bastará una hojita de estas y verás como se ponen. Stephan recibe las hojas, le parece muy interesante. No es lo que quería, peor lo guarda, tal vez lo necesite el día de mañana realmente. —Bueno muchachos yo me voy, nos vemos más tarde. —Hasta mañana papá —dicen ambos a una sola voz. Analizan cuidadosamente sus obsequios, ambos están felices, tanto Andrew como Stephan, aunque al primero no le agrada del todo que a su hermano también le hayan obsequiado algo cuando él ni se ha esforzado por cumplir bien una misión. 
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