Iban camino a la discoteca. Daria había logrado convencer a Andrew en ayudar a su hermano a completar su misión. Le prometió que ya no tomarían más alcohol si eso era lo que quería. Finalmente aceptó a regañadientes, no podía negarle nada a los pucheros de Daria. Por otro lado, la sentía ligeramente más cariñosa, ¿serían los efectos del alcohol?
Aunque el alcohol no era tanto así como lo pintaban, Andrew le tenía pavor pues había visto demasiados borrachos en su vida, le parecía inaceptable como alguien sería voluntario a ponerse así y hacer el ridículo, pero viendo a su hermano y a Daria, no los veía tan mal. Iban más alegres, eso sí, pero moribundos y diciendo burradas no, gracias a Dios no habían llegado a ese punto.
—¿Y sabes si Stephan le dio la gota a su amiga? —le preguntó Andrew a Daria, ellos dos iban atrás de Mia y Stephan, manteniendo cierta distancia al caminar.
—Mmm… la verdad no hemos hablado de eso —le mintió, no le gustaba mentirle a Andrew, pero tampoco quería acusar a su amigo. Daria le tenía muchísimo cariño a Stephan, habían sido muy buenos amigos desde que ambos iban en pañales a la escuela. Eran casi casi como hermanos, él siempre la apoyaba en todo, la defendía de los ángeles rebeldes, la acompañaba a comer, siempre fue muy bueno con ella. Incluso de pequeños ella pensó que él estaba enamorado de ella, pero descubrió que no era así, solo le tenía gran cariño. Al irse por ramas diferentes, se separaron un poco, dejaron de verse a diario, pero el aprecio aún seguía intacto.
—Espero que sí… si no en ese bar hay que decirle que se la ponga en una copa…
—¿Y que pasaría si la copa casualmente la bebiéramos nosotros?
—Daria, ya no vas a beber… lo prometiste.
—Lo sé, lo sé, solo hablo que si en el hipotético caso… no sé, hubiera una confusión…
—Bueno, no pasaría nada…
—¿Nada? ¿No se nos borraría la memoria?
—Nop, somo ángeles, esa pócima solo hace efecto en los humanos. A nosotros no nos pasaría nada más que un dolor de barriga probablemente, pero nada más…
—Interesante, eso no lo sabía…
—Falta estudiar eh…
—¿Para que estudiar si puedes enseñarme tú? —dijo ella pícaramente y se adelantó hacia donde iban los demás caminando, dejando a Andrew con la palabra en la boca. Pero que chiquilla.
—¿De que hablan chicos? —preguntó acoplándose al otro par.
—Estábamos viendo a que bar ir…
—Que sea uno sin alcohol por fas, Andrew ya no quiere que tomemos…
—No existen bares sin alcohol… para eso son los bares, para tomar…
—Le prometí que no tomaría más gin ni nada con alcohol…
—Déjamelo a mí, tal vez le consiga alguna hierba para que deje de molestar…
—¿Una hierba?
—Yep, solo déjamelo a mi linda —le respondió Mia sonriente.
Continuaron su camino rumbo al bar, el nombre de este era Mistic. Según Mia uno de los mejores de la temporada. El lugar era algo psicodélico, luces oscuras, mesas de vidrio, millones de botellas, no era muy acogedor que digamos. Pero la gente se veía feliz y calmada. Algunos empresarios cerrando negocios en la barra, unas mujeres conversando amenamente… Y ¡zas! Llegó la locura al bar. Había entrado un grupo de muchachas bastante escandalosas, una traía un velo blanco y reía a todo pulmón.
—¿Y ellas?
—Parece que ha llegado una despedida de soltera… prepárense para el dolor de cabeza…
—Entonces vayamos a otro bar…
—No, no, tal vez regalen shots, a veces pasa…
Los jóvenes se sentaron en una mesita y Mia se adelantó en pedirles unas margaritas a todos. Intentaría convencer a Andrew de tomar, aún se le veía bastante tenso, como si él fuera el responsable del grupo. Literalmente parecía un papá.
—¿Y Andrew, por qué no te gusta tomar alcohol? ¿Haz tenido una mala borrachera o qué?
—Jamás me he emborrachado ni quiero hacerlo, me parece algo ridículo…
—No tienes que emborracharte tomando alcohol, puedes solo disfrutar…
—Prefiero no arriesgarme.
—¿Y a los puchos si le metes?
—Ya sabes, fumar.
—Hace daño a los pulmones…
—Ay por favor, pero debes relajarte, te veo demasiado tenso, ¿por qué no bailas un poco con Daria?
—Vine solo a que mi hermano…
—Ya lo sé, ya lo sé, a que Stephan lance esa flecha… ¿por qué siguen con eso? ¿están hablando en códigos verdad?
—Stephan, ¿no le diste la pócima? —le preguntó ahora a su hermano, ignorando a Mia por completo. Ella se resigno, había intentado ser amable. Al comienzo parecía gracioso, pero estos no paraban con la bendita pócima, si no le iban a contar que pasaba, le hubieran dicho para no venir. Ya cansada se puso de pie, iría al baño.
—Pues… eso creí…
—¿Cómo que eso creíste?
—¿A dónde vas Mia? —preguntó Daria al verla ponerse de pie.
—Al baño…
—Voy contigo —dijo de inmediato, no soportaría escuchar la discusión de ese par.
—Bueno, es que de verdad le puse la pócima, juro que lo hice, pero no ha hecho efecto… no se como…
—¿Seguro que se la pusiste a ella y no te la tomaste tú?
—Seguro, ¿no hay forma de que ella recuerde las cosas?
—Bueno, podría recordarlo como sueños o como dejavus, pero ella no lo recuerda así, ella es consiente de todo, sabe lo que le haz dicho… no creo que le hayas puesto la pócima Stephan…
—Es que si lo hice, cuando bebíamos antes de que ustedes llegaran…
—¿Y si te cambió el vaso?
—¿Es mi fin?
—Pues sí, te daré una más, pero yo se la pondré y ahora sí, lo último que hago por ti Stephan, ya sé que en el día te lo he dicho incontables veces, pero esta va en serio.
—Desperdiciarás tu gota, ella es invencible, no le hace efecto.
—Eso porque no se la haz puesto aún, ya verás.
—Bien…