–¿nos das un minuto? –dijo Enzo tomando a Jetro por el brazo y sacándolo de la habitación. Isabella se limitó a encogerse de hombros y señalar la puerta, le daba igual lo que hiciera. –¿Qué es lo que pasa contigo?, ¿acaso te volviste loco?. ¿Cómo vas a firmar un contrato con alguien como ella? –señaló la puerta. –ni siquiera disimulan o bajan la voz, no le importaba si los escucha, ya que ahora tomaba a Isabella como una interesada, una arribista de las que su padre le había aconsejado huir. –Enzo, entiendo que hables desde tu punto de vista porque no entiendes muchas cosas –dijo Jetro muy firme y convincente. –pero te puedo asegurar que el bebé que está esperando esa muchacha allí dentro –señaló la puerta de la habitación –¡es mío!, no hay otra respuesta para eso –dijo muy seguro de

