Recibí un mensaje de Semir justo después de terminar la terapia. Fruncí el ceño mientras leía. “Nena, hoy será un día especial. Quiero que vayas a casa y busques un lindo vestido porque tengo una sorpresa para ti”. Mi corazón se aceleró y mis manos empezaron a sudar. Tomé el casco, ¡Casi se resbala de mis manos! Y sin mirar a ningún lado salí del estacionamiento de la clínica de salud mental para dirigirme al apartamento en donde vivía sola. ¿Vestido?¿Sorpresa?¿Día especial? Dios me salve de lo que Semir traía en mente aquel día. . . . Como una loca había rasurado mi cuerpo, envió un segundo mensaje mientras cepillaba mis dientes. “No tardes demasiado, tienes media hora exacta y va corriendo”. Mierda, lo mejor sería apresurarme. Mientras trenzaba mi cabello, me puse las sandalias r

