-¿Todo bien, cariño?- me giré, Semir entraba a la habitación. Le sonreí. -Sí, la llamé como dijiste- se sentó a mi lado, peinaba mi cabello mientras seguía envuelta en la tela de paño- Se sorprendió de que le devolviera la llamada. Él se rió. -Parece que te conoce. Recosté la cabeza en su hombro. -Estoy muy confundida. -Cariño, tu abuelo fue un buen hombre, esto no lo hace menos, lo sabes, ¿No?- suspiré, tenía toda la razón. -Sé que lo que dices es así, yo sólo… Supongo que luego de hablar con ella tendré pensamientos más serenos, Semir, no te preocupes- acarició mi mejilla y cuando alcé el rostro aprovechó para besarme en los labios. -¿Por qué no descansas, Sahara?- besó mi otra mejilla y cerré los ojos sólo disfrutando- Puedo darte un masaje- besó mi frente- Hacerte sentir mejor

