Tres Meses Después

1137 Words
Habían iniciado los síntomas: Náuseas y sus senos se veían más grandes, e inclusive las caderas estaban un poco más anchas y sus pies se hinchaban con facilidad. Así se sentía la princesa Amanda, su olfato era más agudo, había olores que repugnaba con facilidad. Su piel era sensible al tacto y sus emociones estaban un poco descontroladas. A veces lloraba por nada, estaba muy sensible que de costumbre. El príncipe Demetrius llegaba a Palacios después de una larga travesía de incursión en zonas fronterizas al norte. Amanda se encontraba en la habitación, se vestía con un conjunto blanco traslúcido, donde sus senos resaltaban con mayor encanto y su silueta realzaba su vestido. Sus nalgas eran más firmes y más levantada. Bajó las escaleras para cruzar el pasillo que conducía al salón real. La multitud estaba en la sala, eran muchos los visitantes, y entrar al salón, no pasó como desapercibida, todos los presentes clavaron sus miradas sobre la princesa Amanda, estaba hermosa, radiante y lucía un espléndido vestido que resaltaba sus dotes de mujer. Se sentó ocupando su asiento al lado del rey Helios. Demetrius la observaba como aun lobo que mira a su presa, le parecía que la princesa estaba más hermosa que nunca y de alguna manera se debía acercar a ella y que mejor que, con un bonito presente o un regalo desde las tierras lejanas. Y así fue, ya tenía prepara su cuartada para lanzarse al ataque y a su conquista. Fueron llamando uno a uno, algunos eran comerciantes, que venían a traer sus tributos a la corona y hacer sus peticiones al monarca. Esto era un evento que se celebra anual, y era una gran oportunidad para hacer peticiones que necesitaban soluciones de un mandatario. El mandatario debía asentar junto a sus colaboradores dichas peticiones para ser evaluadas y tomadas en cuenta. De esos se encargaba un personal de los asuntos administrativos y sociales. Como Griegos, todos los ciudadanos tenían garantizada la educación, la salud, y el derecho al trabajo, por lo que algunos comerciantes o dueños de tierras, renovaban sus títulos. Cada año se debía pagar un impuesto a la corona para renovar permisos de tierras y matrículas de comercio. Dicho impuesto se calculaba en función de la producción y las ganancias obtenidas por las ventas de productos. Cada producto debía cobrarse un impuesto, dinero que era pagado al fisco o tesoro municipal. Organismo administrativo y tributario encargado de cobrar y recaudar impuestos para la corona. Como bien era conocido, Atenas y sus alrededores estaban rodeadas de puertos marítimo para facilitar las exportaciones e importaciones de los productos. Principalmente, el transporte comercial, era marítimo y había un organismo administrativo encargado de cobrar a las embarcaciones los impuestos por importaciones y exportaciones. No se podía hacer ninguna negociación sin la constancia emitida por el departamento del tesoro. Toda negociación tranzada fuera de estos términos legales, eran consideradas ilegítimas y eran llamados contrabando, pena que se pagaría con altas multas, decomiso de mercancía y años de castigo. Todo el que llegaba a la gran sala, mostraba sus documentaciones legales que certificaba estar al día con la corona. Un porcentaje de dichos fondos eran destinados a proyectos sociales y comerciales, así como una gran parte era destinada a la educación. Atenas resaltaba por la educación, era la mejor y la prestigiosa. Muchos venían desde tan lejos a rendir cuentas y hacer sus peticiones. Amanda atendía algunos presentes, en especial a las zonas marítimas, esa era especialidad, impuestos de puertos. Demetrius conocía muy bien todas esas tierras y también todos los puertos. Él también tenía parte de la administración de gran parte de esos puertos, ya que su reino es extenso. El padre de Demetrius era un hombre mayor, un anciano que estaba en los últimos días y se yacía en cama, la mayor parte de su tiempo. Demetrius se encargaría de los asuntos del padre y del reino. Entraron algunos campesinos a dejar sus presentes al rey, la mayoría traía consigo ovejas, marranos, gallinas, pollos y hortalizas. El rey agradecía a todos los presentes y daba gracias a su pueblo por su generosidad y afecto. El pueblo respetaba al rey y le tenían un gran afecto. Era recíproco, eso venía de lado y lado. La jornada duró todo el día, era agotador, tanto para el rey, como para los trabajadores. Todos los años se debía preparar ese evento. El evento inició a las siete de la mañana y terminó a las seis de la tarde con la puesta del sol. Todos quedaba asentado en el libro de visitas, en el acta de proposiciones, y el acta de Ofrendas. Era de vital importancia asistir al evento, de no hacerlo, podría ocasionar multas por incumplimiento. Amanda contaba con asistentes y registradores, en donde su papel jugaba un importante gestión, ya que debían aportar soluciones a los problemas que se suscitaban. Amanda era muy buena haciendo su papel gerencial, era muy inteligente, diplomática y muy carismática, las personas se sentían escuchadas y atendidas en sus manos. Era un don definitivamente, ese era el puesto de una reina, cargo que anteriormente lo ejercía su madre en vida. Prácticamente, era la mano derecha del rey en asuntos políticos, social y mercantil. En el ámbito jurídico contaban con Marcus. Finalizada la larga jornada de atención, se disponían a comer. Exhaustos por tan larga jornada, se fueron retirando el rey, seguido de la princesa y la comitiva, finalmente se unieron Demetrius, seguido de Marcus. Todos se pusieron en marcha en dirección al comedor, cruzaron puertas y pasillo hasta llegar al comedor. El personal de servicio estaba presente, y pendiente de cada detalle, desde la mesa servida, como de que todo estuviera cubierto sin fallas, ni incumplimiento de protocolos. Todo marchaba con normalidad, al menos, así pensó en Ama de llave, quien tenía muchos años en el cargo. Definitivamente, nada se estaba de sus manos. Todo era orden, pulcritud y limpieza, cumpliendo las más altas normas de etiqueta. Finalmente, fueron entrando por jerarquía, primero fue el rey, seguido de la princesa, después fueron lo de la comitiva administrativa, más tarde entró Demetrius, finalmente entró Marcus y cada quien ocupó sus acostumbrados puestos. Se dispusieron comer y degustar las mejores carnes alzadas y los mejores vinos, valió la pena la larga espera. En el momento del brindis, Demetrius dijo unas palabras y aprovechó el momento para ser un galán, entregando el regalo, el presente que traía para la princesa Amanda. Amanda se sonrió y vio un gesto noble en el momento, pero también vio un poco de romanticismo en el príncipe y sonrió por eso. Le parecía muy lindo de su parte haberse acordado de ella, en tierras lejanas, de alguna manera era bonito saber que alguien piensa en ti, aun en la distancia. Eso era digno de correspondencia y de agradecimiento.
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