La princesa Amanda estaba reflexionando en su habitación, sobre lo que su padre le había dicho.
—Eran pocas las conversaciones que sostenía con mi padre y cuando me hablaba, escuchaba atentamente todo lo que decía, sin embargo, el hecho de asumir la responsabilidad de ser una reina, siendo muy joven y para luego convertirme en esposa de una persona desconocida, que no amaba, eso ameritaba un sacrificio muy grande, sacrificio que, a mi edad no estaba acostumbrada, sin embargo, la decisión sería única no había muchas opciones, no había ni un momento de arrepentimiento, mi pueblo me necesita y debo cumplir.
—Sabía que mis manos estaba toda la responsabilidad, todo el peso del pueblo caía sobre mis hombros, mi prometido era el príncipe Demetrius, una persona fría y calculadora, a la que solo le importa el poder.
—Aunque, sí era cierto, el príncipe, disponía de una gran extensión de terreno y muchas de las ciudades eran aliadas a su Rey Norte y muchos de los guerreros se unían a sus filas, su ejército había crecido, no tanto a la magnitud de los espartanos.
Sin embargo, los espartanos eran veteranos y contaban con muchos años de entrenamiento. El ejército de mi prometido creció durante mucho tiempo, previendo muchas consecuencias del pasado, el príncipe tomó en consideración la experiencia de su padre en la guerra contra Esparta. Finalmente, Esparta tomo control del terreno, ganando su porción de tierra y declarando su autonomía.
—En mi opinión, Era una pregunta un poco compleja, saber ¿quién tenía más poderío?, si Esparta o el príncipe Demetrius, cómo bien es sabido, Alexandre, siendo espartano, heredero del reino, siguió el camino trazado por su padre. Y todos los príncipes hicieron lo mismo, continuaron el legado de sus antepasados, mantenimiento así, su filosofía y sus costumbres.
—No podía faltar en la casa de un griego, una buena comida, un buen vino y sobre todo una bella y hermosa doncella.
Cuando éramos niños, recordaba muy bien a Alexandre. Tenía muy buenos recuerdos de él. A pesar de sus diferencias con sus abuelos, Alexandre y yo éramos muy apegados desde la infancia. De por sí, nunca llegamos a discutir, ni tampoco se había enemistado conmigo.
—Yo había escuchado que Alexander vendría a Atenas, junto a sus más destacados competidores, para participar en los juegos olímpicos.
—Los juegos olímpicos era una manera de confraternizar con todos los reinos y yo esperaba poder reencontrarme con Alexandre, el tiempo había pasado y no hablábamos, desde que yo tenía 10 años de edad, habían pasado más de 7 años sin saber de él.
—Ambos recibíamos la misma educación, sus tutores eran los mismos que los míos y nuestros pensamientos congeniaban muy bien. Claro, eso fue hace mucho, las personas cambian, algunos para bien y otros para mal.
Yo sabía que no debía hacerme ilusiones sobre lo que era y lo que podría ser, pero si estaba dispuesta a averiguarlo.
—Si algo tengo yo, es que soy constante y con el tiempo me volví una mujer decidida, pronto me convertiría en una reina y dejaría ser una niña, para ser una mujer, al menos mi cuerpo había experimentado grandes cambios, mis senos eran más grandes, al igual que mis caderas y las piernas, ya se asemejaba a una fina guitarra.
—Mis ojos son tornasol, cambian según el estado de ánimo, a veces se hacían más claros y otras veces eran un poco más oscuros, cualidad que heredé de mi madre, quien falleció lentamente por una terrible enfermedad que iba comiendo sus huesos, hasta quedar paralítica y sin movilidad alguna.
—Hubo curanderos, médicos y científicos de la época que estudiaron el caso de esa terrible enfermedad, al punto tal, de que, el único hallazgo interesante, para ese entonces, era que, no era contagioso, pero si podía ser heredado.
—Yo estaba decidida con el compromiso, aunque aún no era formal, muy pronto lo anunciarían.
—Al príncipe le convenía el matrimonio conmigo, ya que sería rey de Atenas, y a nosotros nos convendría una buena defensa con un ejército poderoso.
—Mi mayor deseo hubiese sido estar con Alexandre y creo que él pensaría lo mismo, pero era un caso imposible por las razones políticas del pasado, aunque eso sería por poco tiempo, porque cuando Alexandre ascienda al trono, la política entre Esparta y Atenas será una, en una unión con mi reinado y el de él, hasta estrechar nuestros lazos de amor, unión y paz.
—Algo haré con mi actual esposo por conveniencia, porque no es más que un pacto o contrato entre reinos, para defender nuestras tierras y obtener la victoria contra los bárbaros.
—Seguramente, el anuncio estaba programado para ser dicho después de las Olimpiadas, al finalizar. Reflexionó Amanda sobre el tema.
—De esa manera sellarían la clausura de los juegos con tan destacada noticia real. Al menos eso reflexionó Amanda.
—Para el pueblo, eso significaba seguridad y prosperidad para sus reinos, de alguna manera se aseguraba la continuidad del poder y garantizar paz, soberanía y justicia social.
—Atenas era un pueblo tranquilo y feliz, no faltaba nada en ningún hogar, más sobraba la comida, y el alcohol, las celebraciones estaban siempre activas y todo lo celebraban con mucho júbilo en sus tradiciones.
Amanda se sentó en su silla mecedora, cogió un libro llamado: filosofía de la vida, escrito por un filósofo Griego.
Pasaron las horas y Amanda se ilustró con sus lecturas de política, filosofía y consejos sobre el manejo del poder.
—Todo me pareció interesante, pero sabía que el miedo jugaría una mala jugada en mis decisiones, pero contaba con el consejero.
Sonó la puerta, alguien toca.
— Disculpe mi princesa, es hora de la clase con el Consejero Marcus. Dijo el escudero tocando la puerta con un fuerte toque.
—Enseguida salgo, unos minutos. Amanda contestó muy amable.
Me cambié el vestido elegante, que tenía y me cambié con un vestido un poco más sencillo y cómodo, ideal para el momento. Y finalmente me dispuse a salir para asistir a su clase sobre política y filosofía