—¡Llama a un médico! —ordeno Valreth al mayordomo que había abierto la puerta cuando las campanas silenciosas, que solo se podía escuchar dentro de la casa, sonaron con el característico ritmo que le alertaba que su señor estaba por entrar. El mayordomo abrió los ojos con sorpresa. Su señor, aquel que todos admiraban por su fuerza e inteligencia, aparte que los trataba bien a todos, creando así una lealtad, llevaba en brazos a una sirviente que había venido como acompañante y empleada de la esposa de su señor. Esta muestra de consideración y preocupación pudo haberlo paralizado, de no ser por la ira que podía ver en la cara su señor. Sin duda, su señor no espero a ninguno de los empleados para que lo ayudaran a cargar a la sirvienta, a menos que sea de un estado bastante urgente por la

