—Puedo notar que ha sido una molestía desde que trabajo contigo —dijo Lisette. Ni siquiera conocía a ese ayudante más allá de la mirada desdeñosa y podía decir con seguridad que no era agradable como compañero de trabajo. No se imaginó trabajando con alguien así. Sería desesperante. —Lo ha sido —afirmó Valreth—. En el momento que tocó con sus pies mi territorio, ha sido una molestia que me ha enviado mi querida madrastra. La misma mujer, la reina, que los comprometió, estaba siendo una espina clavada en un costado de Valreth. Lo había notado durante la celebración y Lisette no estaba esperando el momento de los banquetes de celebración que debían ir. Sería un ataque continuo que esperaban un movimiento en falso para por fin dar el golpe que daría su muerte. Por muy fatalista que sonara,

