Después de aquel suceso, llegué a la casa donde se encontraba mi hijo, o mejor dicho, donde mi hermana lo "secuestró". —Llegué, familia —dije, dejándome caer en el sofá con una sonrisa. —¿Esa sonrisa a qué se debe? —preguntó Alexa, levantando una ceja. —Yo te lo puedo decir —interrumpió Lea, cargando a un niño pequeño entre sus brazos. —Se debe a Luis —soltó Lucía, apareciendo a mi lado mientras cargaba a otro niño que se removía inquieto. —¡Lu! —se quejó Lea, a lo que yo no pude evitar soltar una risa. —Te estabas tardando —comenté con naturalidad mientras me acomodaba. —Así que a eso se debe la sonrisa —dijo Alexa con una mueca divertida. Me encogí de hombros y me acerqué para tomar a mi bebé, que dormía plácidamente. —No sé de qué están hablando. Yo solo vine a ver cómo estaba m

