William Levlok. —¿Me llamabas?— preguntó mi dulce entrando sin golpear. Cerró la puerta y se acercó a mí. Al tenerla frente a mi no me resistí y la pegué abruptamente a mi cuerpo, juntando mis labios con los suyos sabor frambuesa. Deliciosos. Enredé mi lengua con la suya y sorpresivamente ella no se negó, sino que me siguió de manera lenta y cautelosa. Al sentir que me quedaba sin respiración me separé de ella y la miré a los ojos con una gran sonrisa plantada en mi rostro. —Estoy orgulloso de ti— solté con la respiración acelerada. —¿Por?— preguntó de la misma forma. —Lo que sucedió hoy en el gimnasio, todos están hablando de ello— —Vaya, como corren los rumores en este lugar— se separó de mi rodando los ojos —¿Cómo te has enterado?— —Informantes...— —Ahhh— soltó incómoda. —Es

