POV ZAHIRA
He pasado casi una semana encerrada en la habitación que me designó mi hermana durante mi estadía, mi depresión va en aumento después del día que me enteré que Edward se casaría, dos lágrimas traicioneras abandonan mis ojos y ruedan por mis mejillas mientras lloro con amargura, no entiendo como aún puedo querer tanto a un hombre tan hijo de puta como lo es él. No entiendo como mi corazón aún sigue latiendo por el desgraciado que me hizo tanto daño.
Suspiro tratando de calmar mi llanto y tomo el último pañuelo de la caja, lanzó la caja al rincón en donde hay seis más vacías y sacudo mi nariz que ya me arde de tanto llorar, arrugo el pañuelo y lo coloco junto a los otros que yacen esparcidos en la cama.
—Zayi. ¿Cómo te encuentras hoy? —pregunta mi hermana del otro lado de la puerta mientras le da pequeños toquecitos.
—Ya déjame en paz Cassy. ¿Acaso no entiendes que quiero estar sola? —escupo deprimida, de verdad no quiero que nadie me moleste, pero ella parece no entenderlo.
—Zahira, pero nuestro padre está al teléfono y está es la tercera vez que llama hoy, eso sin contar las que no has querido hablar con el.
—¡Dile que no me joda...! No soy una niña a la que tenga que estar monitoreando —grito cabreada entre berridos.
—¡Se acabó! ¡Ya basta! —grita mi hermana irritada y escucho como se alejan sus pasos.
Me acurruco aún más entre las sabanas y cuando pienso que me a dejado en paz, Cassy abre la puerta de par en par sosteniendo unas llaves en sus manos, tiene el rostro enrojecido y la vena frontal sobresalta a la vista, sus respiración es agitada y los orificios de su nariz se amplían con cada exhalación.
MIERDA...ESTÁ CABREADA...¿PERO QUE CREES? YO LO ESTOY MÁS.
Verla asi tan enojada me hace recordar a mi madre cuando se enoja, ella es su vivo retrato.
—Ten —me tiende su teléfono móvil y yo niego—. No te comportes como una maldita niña malcriada y tómalo ya —grita haciendo que se me erice cada vello de mi piel.
Carajo...sin dudar su temperamento es igual o peor al de mi madre, pero que no se le olvide que yo también soy la hija de la misma mujer que la parió y sin duda mi carácter es más fuerte por la combinación explosiva que hay en mi sangre.
—Ya dije que no me da la puta gana de hablar con nadie —grito de igual forma.
—Zahira Marie Moftafard Monroe —escucho a mi padre regañarme al otro lado de la línea y yo cierro mis ojos con fuerza por mi imprudencia.
¿ACASO LA VIDA NO ME PUEDE DAR TREGUA?
—Esas no son formas de expresarse señorita y menos cuando se trata de alguien como tú —agrega molesto.
—Papá yo...
—Pero nada —replica con dureza—. Ahora dime. ¿Por qué te comportas de esa forma? Tengo varios días tratando de comunicarme contigo para saber cómo estás y lo único que recibo es rechazo por parte de mi niña —lo último lo dice en tono lastimero y eso me afecta.
Lo menos que quiero es decepcionarlo y menos cuando el ha sido el padre que es conmigo.
—No me pasa nada papá...estoy bien —aseguro pero las lágrimas comienzan a rodar por mis mejillas otra vez y trato de controlar el tono en mi voz para no escucharme afectada.
Doy gracias de que mi padre no esté aquí viendo lo destrozada que estoy, no dudaría en mover cielo y tierra con tal de verme feliz, pero en estos momentos no me apetece que cumpla cualquier capricho que se me ocurra y en caso de tal que quisiera de igual manera el no podría darme lo que quiero.
Mi hermana se mantiene en silencio sentada a un lado de la cama junto a mi apretando mi mano para darme fortaleza.
—¿Nada? —I quiere con duda—. ¡Por Allah Zahira! Llevas una semana encerrada en una habitación. ¿Y me dices que no te sucede nada? —recalca.
Miro a mi hermana de forma asesina y ella levanta sus manos en señal de rendición.
—Hasta pensé en irlas a ver, creo que eso será lo mejor; que vaya y me asegure que todo este bien.
—No papá —suelto casi en un grito colocando a raya todo temblor en mi voz, es lo que menos quiero en este momento—. No es necesario, ya te dije que estoy bien, solo fue un poco de melancolía porque los extrañaba mucho —miento y mi hermana es ahora la que me mira con mala cara—, pero con tu llamada ya quedo más tranquila.
Mi padre se queda en silencio por un momento y sé de sobra que no se a tragado mi historia. Ruego mentalmente en que ya no insista en venir y para mi sorpresa así lo hace.
—Está bien Zahira, pero si llegas a necesitar algo sabes que puedes llamarme a mi o a tu madre a cualquier hora.
—Si papá está bien, adiós —le digo y cuelgo sin darle la oportunidad de que diga algo más.
Elevo mi mirada hasta mi hermana y la miro con ganas de torcerle el cuello.
—No puedo creer que le hayas ido con el chisme a papá —le reclamo a Cassy.
—No Zahira. Él llamó y no le pude ocultar la verdad. ¿Sabes lo astuto que es? Pareciera como si intuyera que algo te esta sucediendo.
—Ya...como sea, ahora salte y déjame sola.
—Zayi no puedes seguir aquí echándote a morir por un hijo de puta que ni se acordará de tu existencia.
AUSH...UNA DAGA EN LO MAS PROFUNDO DE MI CORAZÓN.
La miro con ganas de matarla pero aún así no se detiene.
—Tienes que avanzar, él no lo vale y lo peor es que tu lo sabes, pero eres tan terca que no te resignas a perderlo y te empeñas en aferrarte a un recuerdo de algo que solo fue una mentira —es verdad lo que dice y es eso lo que precisamente me molesta más.
Mi hermana me abraza, pero yo no le correspondo el abrazo, se levanta de la cama y camina hacia la puerta para salir.
—No te puedes quedar encerrada todo el mes aquí —me dice antes de salir—. Daniel te dejó el pase VIP que te prometió —agrega colocando una pequeña tarjeta dorada sobre el mueble que hay recostado a la pared, me acuesto en la cama de nuevo dándole la espalda y solo siento la puerta cerrándose.
Cassy tiene toda la razón y odio que la tenga, no puedo seguir aquí muriéndome por alguien que se casará con otra persona, quito las sabanas de un tirón y camino hacia el mueble en donde está la invitación, la tomo entre mis manos y la detallo, paso mis dedos por el relieve de las letras negras y me decido a ir a la exposición que habrá hoy a las ocho de la noche.
(***)
—Cassy. ¿Estás segura que no me veo muy vulgar? —le cuestiono a mi hermana no muy segura mientras me veo al espejo, ella coloca sus ojos en blanco y niega con su cabeza como si yo no tuviera remedio.
Estuve pensando toda la mañana en lo que mi hermana me dijo y decidí ir a la galería, por lo menos si voy a estar aquí tengo que buscar una forma de distraerme.
El vestido n***o de colgantes que tengo puesto es muy hermoso, pero no es para nada mi estilo, tiene una abertura que viaja desde poco más abajo de mi cadera hasta los tobillos, dejando mi pierna derecha al descubierto y ni hablar del escote que da a relucir los senos que jamás me había reparado a ver que tenía.
Niego con mi cabeza y cuando estoy a punto de cambiármelo, mi hermana aparece por la puerta del walk-in clóset con una joya que se utiliza para decorar las piernas, la miro algo curiosa y aunque aún no estoy muy convencida de llevarme el vestido me encantaría ver como me vería con esa magnífica y brillante prenda.
—Toma Zayi, estoy segura que esto complementará tu atuendo —Cassy me extiende la joya y yo la tomo casi arrebatándosela de las manos.
—Es hermosa —murmuro palpando los pequeños diamantes que la componen.
—Sabia que te iba a gustar, la escogí para ti el mismo día que me pediste que te comprara el vestido que utilizarás en la celebración de los Grimaldi.
—Hablando de eso, tengo que ver que me compraste, si me estas haciendo usar este que hace que se me vea todo, no me puedo ni imaginar como será el otro —me quejo mientras termino de instalar la lujosa joya en la pierna que sobresale del vestido.
—Ay...ya cállate Zahira y termina de vestirte rápido, créeme, ese vestido te quedará mil veces mejor que el que llevas puesto —pronuncia mientras me da pequeñas palmadas en el hombro y después se encamina a la puerta para dejarme sola.
Aprecio en el espejo lo hermosa que luce la joya en mi pierna a pesar de que el vestido aún me siga pareciendo vulgar, pero debo reconocer que la prenda me da un toque de elegancia, retoco los últimos detalles de mi maquillaje y recojo mi cabello en una coleta alta, cuando ya estoy lista salgo en busca de mi hermana que me debe de estar esperando en el auto y me siento algo incómoda por las miradas que me dan algunos trabajadores del servicio, no deberían colocar sus ojos en mi sabiendo que soy hija de un rey árabe, pero solo por hoy lo dejaré pasar.
—Vaya...si es que te demoras para todo —se queja Cassy colocando los ojos en blanco en cuanto entro y me siento en el auto del lado del copiloto.
—Ya deja de quejarte y conduce de una buena vez, porque si vamos a hablar de quien se demora más, tu te llevas la Corona —bromeo y las dos sonreímos.
—¿Te encuentras mejor? —inquiere ella mirándome de soslayo mientras conduce y su pregunta me hace sentir incómoda.
Puede que tengamos confianza, pero hay algunas cosas que es mejor mantener en silencio.
—Si. —respondo después de soltar un suspiro largo.
—Zayi sabes que...
—Tenias razón —le digo y nunca en mi vida unas palabras me habían dejado un sabor tan amargo en la boca al pronunciarlas.
Mi hermana quita por un momento la vista de la carretera para mirarme sorprendida.
—Si, Cassy —confirmo—. Es cierto que debo seguir adelante con mi vida y no echarme a morir por un desgraciado que ni en sus pensamientos debo de estar —agrego con la voz un poco quebrada.
Parpadeo varias veces para no echarme a llorar y clavo mi vista en la ventanilla para que mi hermana no vea lo afectada que aún estoy por todo este tema de Edward.
—Ese hombre no merece que sufras por él —pronuncia con suavidad mi hermana y siento como posa por un momento su mano sobre la mía brindándome calidez.
—Lo sé, pero no lo puedo evitar —susurro.
—Solo el tiempo se encargará de curar las heridas que ese maldito le hizo a tu corazón —dice para mi consuelo, pero eso solo lo que hace es hacerme sentir peor.
—Eso espero —zanjo el tema.
El resto del camino permanecemos en silencio y mi buen humor comienza a retornar cuando veo el gran letrero colorido que indica que ya llegamos al lugar, hay una fila para el ingreso que da la vuelta a la esquina del lugar, no me tengo que preocupar por formarme porque mi pase es VIP, pero por el largo de la fila me imagino lo lleno que debe estar.
Mi hermana se estaciona en todo el frente del sitio y me hace salir.
—Ve adelantándote, voy a estacionar mi auto —me informa.
—¿Acaso no hay quien haga ese trabajo? —le cuestiono.
—Si, pero resulta que la última vez que dejé que el valet parking estacionara mi auto, el muy imbécil le hizo un rayón a mi Aston Martin DBS —se queja y la verdad es entendible, yo en su lugar lo hubiese estrangulado con mis propias manos por arruinar tan maravillosa máquina.
—Está bien —asiento ante sus palabras y camino hacia la mole de piel blanca y cabeza rapada de dos metros de altura que está plantado en la puerta como guardia de seguridad.
—Invitación —exige y yo comienzo a esculcar en el pequeño bolso que traigo colgado en el hombro, el himno re coloca sus ojos en blanco y a mi me enerva su actitud—. Mira rubia, si no tienes la invitación a la mano es mejor que te formes y hagas la fila como los demás —agrega el hombre con impaciencia.
Lo miro de mala gana y cuando ya encuentro el pase VIP se lo enseño y él se aparta para dejarme entrar.
—Le diré a Daniel lo grosero que son los de seguridad —le digo antes de irme y el hombre suelta una pequeña risa—, soy la hermana de su novia Cassy contreras Monroe —agrego y veo como la sonrisa del rostro del hombre desaparece.
—Lo siento señorita, yo...
—No tienes por que disculparte, guárdate tus tontas excusas —lo miro con desdén—. No le diré nada, solo si prometes que la próxima vez trataras mejor a las mujeres —agrego hastiada—, párese que Mónaco a pesar de ser un lugar repleto de lujo y gente adinerada a los hombres les falta mucha educación —puntualizo y el episodio que pasó en la playa se reproduce en mi mente.
Ojalá jamás en mi vida me vuelva a cruzar con ese desagradable tipo.
El hombre asiente pidiéndome otra vez disculpas y yo retomo mi camino.
Le doy mi bolso a la chica que recibe y guarda los abrigos, camino por todo el lugar extasiada por lo que veo, esculturas de toda clase lucen grandiosas en el lugar dándole vida, cuadros de todos los estilos y pintados con las más exquisitas técnicas cuelgan en las paredes de color blanco, los pisos de madera lustrada le dan al sitio un toque distinguido y delicado que hace que me encante por completo, la música instrumental que resuena por todos lados brindan paz y serenidad, un mesero se acerca a mi con una bandeja redonda y me ofrece una copa de vino blanco, la tomo dándole las gracias y camino adentrándome más al sitio.
La galería está que revienta por la aglomeración de personas que han asistido al evento, me paro frente a una escultura de una chica desnuda que me recuerda mucho a la que está en medio de la piscina en la Villa que mi madre tiene en Dubái, me concentro en observar cada centímetro de la escultura deleitándome con cada detalle bien pulido que mantiene esta, de repente alguien sujeta mi cabello desde la parte de atrás y aunque solo ha sido un ligero toque me ha incomodado, miro con rapidez por encima de mi hombro, pero no observo a nadie detrás de mi, un ligero olor a perfume de hombre que se me hace ligeramente conocido pero no logro recordar de donde inundan mis fosas nasales y rápido se pierde el rastro de la fragancia entre las mezclas de las otras que inundan todo el lugar.
No le doy importancia al asunto porque tal vez alguien me rozó por accidente al pasar, pero coloco mi cabello a uno de los lados de mi cara porque no me gusta que ningún desconocido lo toque, me muevo por toda la estancia mirando y contemplando la posibilidad de comprar alguna que otra escultura para instalarla en el pent-house que tengo en Londres, cuando dos brazos fuertes me rodean desde la parte de atrás y el sonido de esa voz que reconocería a kilómetros me paraliza.
—Zahira —pronuncia una voz varonil que conozco a la perfección petrificándome por completo—. Cuanto tiempo sin verte. ¿Cómo unos qué? ¿Seis meses? —susurra a mi oído y trago duro intentando disipar el nudo que se ha formado en mi garganta.
Mis ojos se inundan por las lágrimas, pero parpadeo varias veces negándome a la posibilidad de llorar por él, no le daré el gusto de ver lo rota que estoy por su culpa.
—Edward...—pronuncio en un hilo de voz para que no note cuán afectada estoy mientras me giro con toda la elegancia que me compone para encararlo.