Capítulo 5

2808 Words
POV ALLARIK Esta mañana cuando mi tío me sugirió asistir a la exposición de arte que se realizaría en la galería Renacimento me negué de inmediato, me parecía tan aburrido ir a ese tipo de eventos y por eso los evitaba a como de lugar, pero cuando mi tío me extendió una pequeña nota que venía adjunta con la invitación, cambié de opinión al leerla. Era por parte de la novia del dueño de la galería, Daniel Moccino, en donde expresaba sus más sinceras disculpas por el comportamiento que tuvo su hermana días anteriores en la playa y por ese motivo me enviaba un pase VIP para asistir a la galería durante un mes completo. La hermana de la chica altanera se estaba disculpado, pero a la que quería ver incada y no precisamente pidiéndome perdón era a Zahira, desde ese día que la chica me dejó con la polla dura en la playa no he podido sacarla de mi cabeza, nunca nadie me había tratado como ella, nunca una mujer se había negado a mis encantos y solo por eso había captado mi atención, Zahira es una chica interesante que me causaba tanta curiosidad y no estaba dispuesto a dejarla ir así tan facil, a mí nunca alguien me decía que no y ella no sería la excepción. (***) Al llegar por la noche al lugar de la exposición y después de haberla buscado entre tantas personas. La hallo, su esbelta figura metida en ese sexy vestido n***o la hace resaltar entre la multitud, una belleza como la que posee Zahira no pasa desapercibida y mi entrepierna es un detector que la puede identificar a kilómetros, me acerco de manera sigilosa y sin que ella se de cuenta tomo un mechón de su cabello entre mis manos y aspiro su embriagante aroma. Quiero un rato a solas con la chica, pero sé que si le digo ahora que venga conmigo y con el carácter endemoniado que se manda, de seguro me tiraría encima el contenido de la copa que sostiene en su mano. Le doy la espalda antes de que Zahira se gire y camino unos pasos alejandome un poco de ella, pero no lo suficiente para no perderla de vista, desde mi nueva posición la observo de la manera en que un depredador mira a su presa antes de ser devorada, cualquier persona que estuviera viendo esta situación, pensaría que soy un psicópata por la manera tan enfermiza y obscena en que la vigilo. Un hombre pelirojo, fornido y de una altura casi igual que la mía; se acerca a ella por la parte trasera y le susurra algo al oído de una forma tan íntima que los hace parecer cercanos, nunca me he considerado un hombre celoso, pero al ver la cercanía que este tiene hacia mi presa me hace hervir la sangre, ni siquiera la conozco y ya la considero una de mis pertenencias, solo por el hecho de robar mi atención, ya es mía. Zahira se gira para encarar al hombre y por la cara que coloca en cuanto lo ve, deduzco que no es de su agrado, tiene la misma cara de culo que puso el día del malentendido de la playa, pero hay algo diferente en sus ojos, reconocería ese tipo de mirada en cualquier lado. Dolor. El hombre enrolla a Zahira con uno de sus brazos y la atrae hacia él en un movimiento ágil, aprieto mi puño con fuerza y tenso mi mandíbula, porque nadie toca lo que quiero para mí. No por lo menos hasta que yo lo use primero, Zahira lo aparta con sutileza y me imagino que es para no armar un escándalo —que irónico a mi casi me revienta la cara a punta de bofetadas mientras gritaba como loca desquiciada y frente a este hombre luce sumisa— y después de decirle algo con la mayor elegancia del mundo, comienza a caminar hacia mi posición huyendo del tipo, aprovecho el momento para plantearme frente a ella y provocar un segundo encuentro. Su hermoso rostro queda hundido en mi pecho cuando me interpongo en su camino y mi cuerpo reacciona ante su tacto de manera inexplicable, todo el vello de mi piel se eriza y tengo que usar todo mi autocontrol para no sujetarla fuerte por el cabello, llevarmela a un lugar oculto y follarmela duro contra la pared hasta cansarme. Ella clava sus endemoniados ojos en mí y yo me pierdo en el azul de su mirada, definitivamente ella no es igual que las demás, ninguna había hecho que mi piel reaccionara con su tacto de la manera como ella lo logra hacer y eso que no me ha tocado de la manera correcta. (***) Después de la pequeña discusión que Zahira y yo tuvimos en uno de los balcones de la galería me dirijo al parqueadero en busca de mi auto, esa mujer me está volviendo loco y eso que solo hemos coincidido dos veces, aún mi m*****o sigue erecto y palpitante entre mis pantalones y ella es la única culpable de todos los estragos que a causado hoy en mi cuerpo. Lo peor de todo es que no he sido correspondido y creo que ir a esta hora en busca de alguien que me quite la calentura no seria tan mala idea, el valet parking me entrega las llaves de mi lujoso auto y subo para luego arrancar e irme, doblo la esquina del lugar en donde me entregaron el auto y cuando estoy a punto de acelerar, veo la figura esbelta de Zahira parada en la acera de afuera de la galería; observo que mira desesperada a su alrededor y una idea maliciosa se me cruza por la mente. Estaciono el auto justo en frente de ella y veo como coloca sus ojos en blanco en cuanto bajo la ventanilla. —Sube —le digo y ella niega con su cabeza, me da la espalda dejándome apreciar su redondo y apetecible trasero haciendo que mis pantalones aprieten aún más—. ¿De verdad te piensas quedar aquí a estas altas horas de la noche? —le cuestiono y ella mira algo angustiada a su alrededor. Maldice entre dientes mientras abre la puerta del lado del copiloto y se sienta refunfuñando mientras con sus dedos busca el cinturón de seguridad, me lanza una mirada de "ni se te ocurra decir nada o te arranco las bolas" y comienza a asegurar si cuerpo al auto, no espero a que se lo termine de colocar cuando arranco el vehículo sin previo aviso haciendo que su cuerpo se impulse hacia delante y Zahira quede casi estampada en el tablero. Sonrío con sorna viéndola reacomodarse incomoda en el asiento mientras aprieta la silla de cuero y con la otra mano se apoya del borde de la ventanilla. —¿Hacía dónde quieres que me dirija? —inquiero mirándola de soslayo y ella aprieta su mandíbula. En su cara se nota la indecisión y parece llevar una lucha interna entre si decirme algo o no. —¿Sabes en dónde vive Daniel Moccino? El es el prometido de mi hermana—dice sin despegar la vista de la ventana, evitando tener contacto visual conmigo y es como si tratara de esconder algo. La miro por unos momentos extrañado y veo como sus mejillas se sonrojan, comprendiendo de inmediato lo que sucede. —¿Me estás queriendo decir que no tienes ni idea de la dirección en donde vives? —le cuestiono incrédulo y ella aprieta sus labios formando una fina línea—. ¿Y por qué no llamas a tu hermana para que te dé la dirección? —agrego y ella agacha su cabeza. —Olvidé mi teléfono —susurra y yo niego con mi cabeza. Saco mi teléfono móvil de mi pantalón sin quitar la vista del frente. —Ten —se lo extiendo a Zahira y ella lo mira antes de tomarlo con desconfianza—. Por favor dime que por lo menos te sabes el número de algún familiar —le digo entre burlas y ella me da un codazo en el brazo. —No es para nada gracioso —gruñe— y para tu información —me dedica una mirada asesina—. Si me sé el número de mi hermana —fija su vista en el Móvil y comienza a buscar el icono de llamadas. Recuerdo que el teléfono tiene el idioma en árabe y sería cruel de mi parte ver como se devana los sesos tratando de deducirlo. —Te indicaré donde tienes que presionar en el teléfono —le digo tratando de guiarla, pero para mi sorpresa ella ya se encuentra marcando el número. —No te preocupes, lo entiendo a la perfección. Redusco la velocidad y aparco en un lugar tranquilo, la miro con curiosidad y ella parece notarlo. —¿Qué? —me pregunta y yo mantengo mi mirada. —¿Sabes? Después de todo lo que ha pasado ¿No crees que merezco saber más que solo tu nombre? —le digo. —Esa será la única cosa que sabrás sobre mí —sentencia. —He notado que tienes un acento muy peculiar —insisto. —Igual que el tuyo —replica. —Soy árabe —le digo. —Si. Eso lo noté desde el primer momento —dice con el teléfono en la oreja. —Tu también lo eres. ¿Cierto? —Eso no te interesa —responde volviendo a colocar el teléfono en su oído insistiendo por tercera vez—. Vamos... responde. Se nota que es una mujer quisquillosa y me irrita a niveles cósmicos su altanería. —Podrías dejar de ser tan antipática por una vez en tu vida —pronuncio con molestia, ella permanece con la vista en frente ignorandome y eso me enoja más—. He tratado de ser contigo lo más amable posible y tú solo te portas como una maldita bruja conmigo. Zahira aparta la vista del frente y gira su cabeza lentamente dedicándome una mirada furibunda. —¿Cómo acabas de llamarme? —dice entre dientes bajando el teléfono. —Que te comportas como una maldita bruja —repito sin titubear. La mano de Zahira impacta mi mejilla de una manera tan brusca que sus uñas alcanzan a rasguñar mi rostro, instintivamente llevo una de mis manos a mi cara y palpo el lugar en donde me ha propinado el golpe, ella me mira furiosa mientras su respiración sube y baja con violencia, trata de abrir la puerta del auto pero coloco el seguro para impedírselo. Quito mi cinturón de seguridad y me abalanzo sobre ella, Zahira rehúye a mi cercanía y tengo que apelar a todo mi autocontrol para no reírme, nuestros rostros quedan tan cerca que nuestras narices se rozan, noto lo nerviosa que se ha puesto por la manera en que su saliva baja por su garganta, pero sus imponentes ojos azules aún tienen el descaro de desafiarme. —Quiero que te quede algo bien en claro, Allarik —pronuncia y levanto la comisura derecha de mis labios, al escuchar como de su tentadora boca sale mi nombre—, que me hayas ayudado no te hace ser merecedor de saber todo sobre mi vida, te recuerdo que sigues siendo un desconocido y no pienso contarle mi vida a una persona como tú. —¿Cómo yo? —digo con burla —. Y según tú. ¿Qué clase de persona soy? —la alento para seguir hablando. —Un hombre, que no soporta que una mujer como yo le haya dicho que no —responde con seguridad—, un hombre que piensa que con solo chasquear sus dedos las mujeres se le deben de abrir de piernas, un hombre que está acostumbrado a conseguir lo que quiere, pero como esta vez no ha podido hacerlo busca la manera de hacerme sentir diminuta ante el acorralandome de esta manera, pero quiero informarte que no funcionará —asegura—. ¿Y sabes por qué? —me mantengo en silencio y solo dejo que ella me siga descifrando—. Porque hace falta más que unas simples palabras y unos simples manoseos para hacerme sucumbir, y tú Allarik, no me provocas ni cosquillas. Woo... definitivamente esta mujer es única, nunca... pero nunca en mi vida, alguien había tratado de herir mi ego de esta forma. —¿Estás segura de eso Zahira? —la desafío, he comenzado a tomarle gusto a la hora de fastidiarla—. ¿Estás segura que si te toco, no te produzco nada? —le cuestiono pasando la punta de mi dedo indice en el lateral de su brazo derecho, siento como el vello de su piel se eriza bajo mi tacto y sonrío por ello, no la dejo observar sus endemoniados ojos en ningún momento y ella me sostiene la mirada con el rostro inexpresivo—. Eres una mentirosa Zahira. ¿Y sabes que es lo peor? Que tu cuerpo te pone en evidencia. —No es cierto —replica en un susurro, pero ni ella misma se cree sus palabras. Esta mujer es tan orgullosa que preferiría morir antes de aceptar así sea u a vez, que es verdad lo que digo. —¿Sabes que veo yo en ti Zahira? —le cuestiono y el momento de herir su orgullo ha llegado—. Veo que eres solo una niña asustada que se esconde detrás de una máscara para no volver a ser lastimada —recorro su mejilla con mis labios y su cuerpo se tensa—. Una chica que supone saber cosas de otras personas y no está ni cerca de adivinar ninguna —llego hasta su oído y le susurro utilizando mi tono más sensual—. Eres tan mojigata que te sobresaltas al solo tenerme cerca y aún así quieres dar la impresión de ser una mujer experimentada, y estoy tan seguro que en tu vida solo te ha tocado un solo hombre y no hay que ser un genio para adivinar, que ese perdedor ha sido, el imbecil de la galería —veo como resopla y luego vuelve a retener la respiración. Subo con sutileza depositando pequeños besos por su mejilla, hasta quedar otra vez a pocos centímetros de su boca. —Y estoy tan seguro de que si te beso ahora mismo, te haría tragar tus palabras —agrego y ella no se mueve. Zahira cierra sus ojos y entre abre sus labios esperando a que haga lo que he dicho, se que se muere porque lo haga y para ser sincero, yo también quiero, pero eso seria darle el gusto y en estos momentos simplemente, no .e da la gana. —Pero no será hoy —vuelvo a retomar mi postura de antes en mi asiento y me coloco de nuevo el cinturón de seguridad, me lleno de satisfacción al ver la cara sonrojado de Zahira y la forma agitada en que respira—. Aaah... y otra cosa más —giro mi cabeza para mirarla—, la única forma en que permito que me rasguñen, es en mi cama, mientras gritan mi nombre y si no lo vas hacer en ese lugar, la próxima vez evita colocarme una de tus manos encima; porque te aseguro que no responderé por mis actos si la situación se vuelve a repetir —advierto. —Eres un imbecil —gruñe apretando el borde del asiento en donde está sentada. —Me lo dicen muy a menudo—digo encogiéndome de hombros—. ¿Tú hermana no contestó? —le digo cambiando el tema y ella niega—. Te quedarás hoy en mi casa. Mañana resolveremos —la cara de Zahira se desencaja por lo dicho y me regodeo por ello—. No seas tan engreída alhabiba, no me apetece tocarte ni un pelo, eres tan creída que no tengo el más mínimo interés —agrego sin mirarla mientras empiezo a conducir de nuevo y apelo a todo mi autocontrol para no ser yo quien me trague mis palabras. Si fuese por mi, Zahira estaría ahora mismo desnuda, empalada en mi v***a gritando mi nombre mientras la follo contra uno de los asientos del auto; pero aun no es el momento. Quiero que sea ella la que venga a mi y me suplique para que la toque. Quiero que sea ella la que se me habrá de piernas y se me ofrezca. Quiero que sea ella misma la que me pida una y otra vez que la haga mia. Sé que eso tomará tiempo, porque Zahira ha demostrado que no es una presa fácil, pero si algo he aprendido todos estos años es a tener paciencia y estaré ahí esperando cuando ese momento tan glorioso llegue.
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