Capítulo 12: Una mujer sensata debe aprender a pedir perdón

1450 Words
La competencia era reñida desde un inicio por lo que los tres candidatos no pudieron respirar desde su ingreso. Esa era la razón de que apenas hasta ahora era que Gabriel los había invitado a una salida a beber alcohol. Era una tradición para él, y una de las tantas razones de ser el gerente estrella de la empresa. Yo lo sabía porque Gabriela me lo comentó más temprano a regañadientes. Decía que ese hombre nunca maduraría, que lo detestaba y que debía ir para asegurarse de que no cometiese una locura. Yo solo podía contener mi sonrisa, y desearle buena suerte con eso de que por fin se sacase las ganas que tenía encima. Para ese entonces yo tenía planeado hacerlo con Rafael, pero no sirvió, seguía teniendo ganas, ganas de algo más allá del sexo con Noah. Ahora que lo había podido recordar necesitaba verle. Por lo que me dirigí al bar donde Gabriel se llevaba a los nuevos. Era un viernes por la noche y apenas el reloj marcaba las 9:00 pm, pero la cuestión es que llegaron del trabajo para acá, por lo que puede que no estuviesen ya. Pero sí lo estaban. Llegó a la mesa donde están Gabriel y Gabriela discutiendo como siempre; y lo que tanto estaba buscando, Julia, Santiago y Noah. Noah ni se fija en mi llegada porque está enfocado en beber cerveza, por todos los vasos cerca y su apariencia puedo notar que ha bebido mucho. El resto no tanto. Algo anda mal en él. ─   ¡Pero miren quién llegó un poquito tarde como siempre! – exclama Gabriel feliz pero no borracho – ¡Olivia preciosa! ¡Ese vestido te queda de ensueño! Gabriel no está borracho, repito, no está borracho y nunca me ha visto con interés. Pero su comentario “coqueto” da el resultado que sé está buscando. ─   Estás muy halagador esta noche ¿no Gabriel? – interroga una celosa Gabriela. ─   ¿Qué tiene de malo halagar a una mujer guapa? ¿No está preciosa Santiago? – cuestiona Gabriel. ─   Muy guapa ¿tienes novio? – pregunta con confianza Santiago. Que sí está bebido. ─   No lo tengo. Soltera – le respondo sentándome en una de las sillas desocupadas. ─   Y esa es la actitud Olivia, sino mira lo que hicieron con el pobre de Noah. Lo volvieron nada y su abogado le obliga a usar el anillo – comenta Gabriel en risas. ─   No seas imprudente Gabriel – le regaña Gabriela – creo que tendré que llevarte a casa. No podrás conducir así. Ven borracho. Y así Gabriela se lleva a un Gabriel que está obviamente fingiendo que está borracho. Al colocar el brazo en el hombro de Gabriela y encaminarse a irse, se voltea y me guiña el ojo. Yo escondo mi sonrisa, esos dos van a terminar en una cama de seguro. Que par, pero la sonrisa se desvanece de mi cara al ver a los tres presentes restantes. Julia parece que es la única que no ha bebido. Santiago unas cuantas cervezas, pero nadie como Noah que sigue bebiendo como alcohólico anónimo sin supervisión. ─   Mmmm creo que ya es tiempo de que cada quien se vaya para su casa ¿no Olivia? – me pregunta Julia insegura. ─   Sí. ¿Alguno trajo auto o vinieron con Gabriel o Gabriela? – cuestiono. ─   Yo vine en mi auto, no lo puedo dejar afuera ¿me ayudas rival? – pregunta Santiago a una Julia que quiere negarse. Creo que al borracho que quiere llevarse es a Noah que anda perdido por la nebulosa. ─   ¿Tú o Noah trajeron auto Julia? – le vuelvo a cuestionar. ─   No, no, vinimos en el de Santiago. Supongo que conduciré y los llevo a los dos – dice Julia inclinándose con evidencia hacia Noah. ─   ¿No vives en el mismo edificio que Santiago, Julia? ─   Sí y de paso llevo a Noah. ─   Pero tengo entendido que Noah vive más cerca de mi casa que de tu edificio. ¿Por qué no te llevas a Santiago y yo a Noah? – me ofrezco con soltura. Julia tiene una lucha interna pero cede porque cree que digo la verdad. Ella se lleva a Santiago que puede caminar casi con normalidad y yo me quedo con Noah. Pero no le hablaba con verdad a Julia. Yo no sabía dónde vivía Noah, y lo más ridículo de todo, me emocionó que ella tampoco porque no me contradijo. Quizás si yo viviendo cerca del trabajo no fuese algo de dominio público en la empresa, esta teoría de que Julia y él no tuviesen nada, quedaría invalida. Pero las teorías locas me invadían el corazón. Noah no podía con su alma, y yo debía llevarlo a mi auto, a no sabía dónde. Pero primero debía tocarlo. Por lo que coloque su brazo en mi hombro en un semi abrazo, allí fue cuando en confusión se percató de mi existencia, y me sonrió. ─   Olivia, para ser un sueño te sientes muy real – me dice risueño y borracho, muy borracho. ─   No es un sueño Noah, vamos a mi auto, párate anda – digo intentando levantarlo. ─   ¿Tu auto? ¿Contigo? ¿por qué me hablas? Pensé que me odiabas. ─   Sé un buen borracho y camina conmigo. ─   Está bien. Y así él puede levantarse, salimos del bar, y caminamos por la calle sola hasta donde estacione mi auto. Si creía que Noah se comportaría como un Gabriel que se fue feliz de la vida con Gabriela; o un Santiago que se fue colaborando con Julia, estaba equivocada. A Noah se le olvidó lo que era el equilibrio, por lo que se tambaleaba de aquí a allá, era más alto que yo, por lo que era difícil mantenerlo del todo erguido. En un punto su rostro se volvió verde, y lo dirigí a una pared para que vomitase. Vomito agachado, por suerte ya habíamos llegado cerca de mi auto. Por lo que lo abrí y busque una botella de agua. Cerré el auto y fui a donde Noah que estaba sentado en la acera con mencolanza ya. Me senté a su lado y le ofrecí la botella que bebió. Después del vomito parecía un poco más sobrio, solo un poco. ─   De verdad me estoy divorciando Olivia… ella se acostó con otro. ─   Tú también conmigo Noah – explico cansada pero él niega con fuerza. ─   Ella antes, ella con… – y ahora está llorando – con mi hermano. Mi hermano los encontré en mi cama. ─   ¿Y no es suficiente para el divorcio y dejarla sin nada por el contrato que tienen? ─   No porque no tengo pruebas… no me lo quiere dar. No es justo. No es justo. ─   ¿Bebes así todo el tiempo Noah? – digo con suavidad. Le estoy creyendo lo del divorcio a Noah porque básicamente lo viví con Alba. Su actitud es muy similar. ─   Desde que los encontré sí – me mira ahora – porque me quede sin departamento, sin familia, siempre fui un fracasado, no como mi hermano que lo tiene todo. Noah sigue llorando y yo no puedo evitar sobarle la espalda. ─   Y tú tampoco te acuerdas de mí… debo ser muy patético ¿no? Siempre un perdedor. Me odio, siempre me odiaré – habla en un tono que conozco y que me dan ganas de llorar. ─   ¿Sabes Noah? Hace unas horas tratando de recordar de dónde me conocías… di con el recuerdo de un niño muy flaco al que acosaban por serlo – mientras digo eso su mirada se llena de esperanza – Noah, no ha comido, pero habían pasado tantos años y la imagen que tenia de él era tan distorsionada que me costaba relacionarlo con alguien que conociese. No contigo. ¿Sabes por qué? ─   ¿Por qué? – pregunta con poca claridad. ─   Porque el hombre que está sentado a mi lado ciertamente no es un perdedor, como ese niño que fue mi amigo de recreo tampoco. Ambos eran inteligentes, amables y buenos, solo que rodeados de personas incapaces de amarlos. ¿Eso los hacia ser perdedores? Porque para mí el ser inteligente, amable y bueno es de triunfadores. No esperaba decir este discurso cursi con los ojos llenos de lágrimas, pero no resistía la vulnerabilidad, creo que Noah tampoco, porque acerca sus labios a los míos con lentitud. Yo debería alejarme, pero no lo hago. Por lo que me besa como esa noche que no había podido olvidar.  .... El próximo capítulo será la narración de Noah ;) No se lo pierdan!
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