Alfa y Beta tantearon, en primer lugar, el ambiente en el que estaban en ese momento. La cápsula estaba inmersa en el agua pero la presión no era tanta como para hacer pensar en profundidades oceánicas. Era una ligera capa de agua, por encima de la cual había una atmósfera con oxígeno. De todas formas, para salir al exterior deberían servirse de la cámara hermética, a fin de evitar que el líquido entrase en el interior, estropeando los artefactos electrónicos. Subieron, respirando por medio de las branquias, hasta la superficie del agua, desde la cual, más arriba, podían ver llegar la luz. Ayudándose con las manos y con los pies, como moscas, comenzaron a remontar las paredes de aquel pozo, excavado por la caída de su misma astronave. A medida que subían, la luz que llegaba desde lo alto,

