FIESTA EN LA VILLA 28 de mayo de 2010 Las siete de la tarde de un tranquilo viernes de finales de mayo. Había acabado de impartir las últimas recomendaciones a la niñera, una joven estudiante universitaria que, aparentemente, sabía hacer de todo excepto tratar con niños, mientras que Stefano estaba sacando del garaje el coche de lujo, una berlina Mercedes clase E color gris metalizado, más que brillante. Cuando oí el sonido del claxon me apresuré a despedirme de la muchacha y a correr al patio. ―Estas reuniones mundanas es algo que odio― dijo Stefano, concentrado en la conducción. ―Cómo odio este coche que debería representar el símbolo de estatus de una cierta categoría social, constituida por profesionales y pequeños empresarios, que deben lucir socialmente más que ser apreciados por

