Las lágrimas se deslizaron por sus mejillas.
Sasha se había quedado dormida, olvidó poner la alarma a las 4, se levantó por los gritos de su madre.
—Eras una inútil, Sasha, sabes tus obligaciones, y te quedas ahí, holgazaneando— su madre arrancaba las sábanas de su cuerpo, la tomo de sus tobillos y la hizo caer al suelo, haciendo que Sasha soltara un chillido de dolor.
—¡Levántate! ¡Ya es tarde para desayunar! prepará el almuerzo para que lo lleves a la empresa a la 1 en punto, no iras a clases— Sasha miró con miedo a su madre, ella tenía que ir a clases, no se había desvelado por nada, nunca en su vida había faltado a la escuela, y ahora que estaba a tan solo un mes de terminar no podía darse lujo.
Las lágrimas seguían rodando por sus mejillas.
—¿Que está pasando?— entro su padre a la habitación, los gritos lo habían despertado.
—La inútil de tu hija, estaba dormida, no ha hecho nada de desayunar, nos llevará el almuerzo, así que ya podemos en irnos— respondió su madre.
Sasha miraba suplicante a su padre, pedía a gritos con su mirada que la ayudara.
Pero como todas las veces que lo hizo, su padre se retiró sin hacer nada por ella.
La puerta de su habitación se cerró, y ahí sollozando, la miseria la embargo, pedía al cielo y a cualquier dios que existiera, que le diera la oportunidad de salir de esa jaula, ya no quería más humillaciones, no del ser que se supone que debe amarla y protegerla.
La puerta principal se cerró, y pudo llorar tranquilamente, su garganta se desgarraba con cada grito que daba.
Pedía al cielo que alguien la salvará, que su padre se apiadara de ella y la liberará.
Una respuesta que nunca llegaría.
O eso creía.
Sasha después de estar horas en su habitación llorando, se levantó exaltada al recordar que tenía que llevar el almuerzo.
Miró la hora, eran las 11, eso le daba tiempo de hacer el almuerzo e ir hacia la empresa a buena hora.
Se decidió a arreglarse un poco, nunca salía de la casa, la ventaja de que sus padres quisieran mantener su buena imagen, la hacían tener ropa a la moda y de acuerdo a su estatus.
Sasha tomo unos jeans color negros, un top color blanco, junto a una chamarra de mezclilla, se calzo unos bonitos tenis, se veía muy casual pero hermosa, peino sus largos rizos, los humedeció un poco para darle brillo, a Sasha le encantaba su cabello, maquillo un poco sus ojos solo con brillo para realzar el color gris de estos, rizos sus largas pestañas y coloco un poco de brillo labial en sus labios.
Sasha era hermosa, su cuerpo era curvilíneo, su trasero redondo y respingado, sus pechos no eran grandes, pero los tenía en su lugar, Sasha no era inexperta en el sexo, había leído muchísimas novelas eróticas, se sabía de memoria el Kamasutra, pero la práctica y la teoría no son lo mismo.
Ante los ojos de cualquier hombre, Sasha era una diosa, y el mismo diablo a la vez, por qué su cuerpo era el mismo pecado en vida.
A dónde sea que fuera, Shasa llamaba la atención, pero Sasha era ajena a todo esto, ella solo quería salir de su prisión, y escapar del yugo de su familia.
Termino de empacar el almuerzo, algo rápido y muy llenador, una pasta Alfredo y unos trozos de pollo con verduras al vapor.
Tomo las cosas, está vez no tenía chófer, era un castigo por su desobediencia de la mañana, tendría que conducir ella misma.
Tomo las llaves del BMW de su padre, el no se molestaría, o eso pensaba, subió al auto, coloco la lonchera de su padre junto a la de su madre en el asiento de copiloto.
Condujo lo más rápido hacia la empresa, le tomaría unos 30 minutos llegar, tenía un poco de tiempo de sobra, pero el tráfico en New York era de locos, sobre todo a la hora pico, justo a la hora que tenía que estar en la empresa.
Llegó apenas con 10 minutos de sobra, entro al estacionamiento y aparco el auto, bajo de este, tomo ambas loncheras y salió hacia la oficina de su madre, a ella tenía que verla exactamente a la una, su padre no pondría tanto pero.
Sasha había tenido que hacer más méritos con su padre, sabía que a pesar de la molestia de su madre, él, no dejaría que la molestara más de la cuenta.
Aunque está mañana, su madre la había sorprendido jalandola de los tobillos, en toda su vida su madre la había maltratado de manera física, no quería dar respuestas a la gente si la veían con moretones en el cuerpo.
Sasha tocó la puerta de la oficina de su madre, después de escucharla decirle adelante, entro, sigilosa.
—Ya era hora, me muero de hambre— menciona, quitándose los lentes de su rostro.
Sasha sabía que su madre era hermosa, pero no se parecía a ella, ella era idéntica a su padre, tal vez por eso su madre la odiaba.
—Espero que sea de su agrado madre— menciono la chica. La mujer la escaneo con la mirada, asintió aprobando su vestimenta, después con un movimiento de su mano, la echó de la oficina.
Sasha resignada a la actitud de siempre de su madre, salió rendida de la oficina, para dirigirse a la de su padre.
La oficina de Román no era tan lejos de la de su madre, solo lo separaba tres oficinas más.
Tocó dos veces, escuchaba voces al otro lado, ambas masculinas, pudo identificar la de su padre, pero la otra no.
—Hola, nena, haz llegado un poco tarde, espero que tú madre no te haya reprendido— la voz dulce de su padre, le dio a entender que tenía que comportarse.
Sasha se regocijo en ese apelativo, pocas veces la llamaba así, y siempre era en presencia de gente.
Añoraba más ese cariño falso que nada, se confirmaba con tan poco de parte de ellos.
Sonrió dulce y se acercó a su padre, puso la lonchera sobre su escritorio, y se giro al frente para ver al hombre con quién hablaba su padre.
El pulso de Sasha se aceleró, sus vellos se erizaron, miraba como esos cristales azules la analizaba profundamente.
Su boca se seco y trago seco.
—Buenas tardes, señor— asintió Sasha hacia el hombre.
Nick Benson, analizaba a la chica frente a él, era bellísima, no podía negar, su cabello caía en perfecta cascada, sus rizos, antojaban a enrollarlos en sus dedos, sus labios gruesos, y ese brillo, los hacia ver apetitosos.
Se relamio los labios, con una mano en su quijada, analizando a la chica.
—Un gusto, señorita...— alzó las cejas pidiendo su nombre.
—Sasha, señor— sonrió dulcemente hacia el hombre.
Sasha miraba con admiración, al monumento de hombre que tenía frente a ella, había visto a muchos hombres, socios de su padre, pero ninguno había despertado la curiosidad como ese.
Su rostro endurecido, junto a una barba perfilada y bien recortada, cabello n***o, nariz perfilada, manos grandes y tatuadas, al parecer llevaba tatuajes a lo largo del brazo, pero no podía ver más, el traje de tres piezas color azul marino, lo hacía ver exquisito.
—Llamame Nick— estiró su mano, y tomo la de Sasha.
La dureza de estás, la hizo temblar, el tacto de ella era suave y terso, Nick sonrió ante el pequeño temblor que sintió de la chica.
—Bueno, ya que se conocen, aprovecharé que estás aquí, nena, tengo algo que contarte—
Sasha volteo rápidamente a su padre, Nick pudo notar el temblor nuevamente en ella, pero frunció el ceño al descubrir que no era por timidez, era de verdadero terror.
La chica se apretaba nerviosa las manos, se mordía sus voluminosos labios, a la expectativa de lo que dirá su padre.
Nick pudo notar que algo estaba mal en aquella familia, y esperaba que lo que acontinuación le revelarán no fuera un problema.
—El señor Benson, quiere casarse, y tú te casarás con él — Román Novikov no se andaba por las ramas, y fue directo, sabía que su hija no se iba a negar, porque siempre hacia lo que le decían, y eso era lo que lo hacia mejor.
Sasha, se quedó congelada en su lugar, dejo de mover sus manos, miraba entre su padre y el señor Benson.
¿Había llegado su libertad?
¿De verdad su encierro se había terminado?
Los ojos de Sasha se humedecieron, Nick pensó que lloraría por la obligación, pero lo que no sabía Nick era que Sasha, estaba realmente feliz.
Nick se confundió más cuando Sasha reprimió una sonrisa, ya no sabía si la chica estaba loca o que.
—Asi que irás a la casa recogerás todas tus cosas, en un par de hora el señor Benson te llevará a tu nuevo hogar— Sasha miraba el suelo, pero levantó la cabeza al escuchar a su padre, asintió, como siempre, sumisa y obediente.
Nick capto este acto, la chica sería buena acatando órdenes, eso le sería más fácil para él.
Sasha trago el nudo que tenía de felicidad, no podía exteriorizarlo o su padre se arrepentiría y sabía que no sería sufrimiento para ella.
—¿Puedo retirarme, padre?— pregunto suave y tranquila.
Román asintió y sonrió falsamente, tendría que llegar antes que Benson para hacerle saber algunas cosas a su hija.
Nick siguió con la mirada a la joven, le tomo la muñeca al vuelo cuando cruzaba por su lado.
—¿Estás bien?— pregunto firme y a la vez suave a la chica.
El tacto del hombre en su mano, le quemaba, pero un fuego que la hacía querer quemarse.
Asintió con una suave sonrisa, no podía decir nada, no con su padre aquí.
Por fin, salió de la oficina de su padre, corrió lo más rápido hacia el estacionamiento, subió al auto, y la sonrisa por fin pudo salir, y junto a ella las lágrimas de felicidad.
Por fin sería libre. Por fin un príncipe la había rescatado.
Pero que equivocada estaba.