El tiempo se desdibuja entre caricias, besos y susurros. Brando me posee con una pasión que me arrastra, y por momentos, me olvido de todo. Caemos agotados, envueltos en las sábanas deshechas. Él me abraza con fuerza, su aliento cálido en mi cabello. Es en ese instante de paz forzada cuando él rompe el silencio. — Luna —su voz es un murmullo ronco, lleno de una ternura inesperada—. Ahora sí. Ya tuve el cuerpo que quería. Te diré mi apellido, y te contaré lo que necesites saber de mí. Es el trato. Él se separa un poco para mirarme, sus ojos se clavan en los míos. Está listo para pagar el precio, para entregarme su identidad. La victoria me sabe a caramelo amargo. — No, Brando —susurro, girando la cabeza para que mi boca roce su hombro. Siento cómo se tensa. Su respiración se detiene.

