Luego de unos minutos, Gabriela se encontraba en el baño limpiándose. La vi salir mientras se acomodaba el uniforme. Me dio una mirada rápida antes de morderse el labio. —Si supieras lo guapa que te ves recién cogida, entenderías por qué te vuelves un vicio, Alaia —soltó una risa divertida. Se acercó a mí y me dio un beso rápido antes de sentarse a mi lado. —Créeme que tengo una idea del impacto que causo —sonreí con una mezcla de arrogancia y diversión. Ella soltó una risa. —Y bien, ¿de qué quiere hablar la señorita? —hizo una reverencia. Solté una carcajada al verla. —Quería saber cómo es todo aquí, es decir, cómo se maneja la mansión —la miré mientras ella se acomodaba mejor. —¿Por dónde quieres empezar? La verdad, en la mansión tenemos muchas reglas para que todo fluya perfectamen

