La rutina vuelve a mi vida, las vacaciones se acaban y tengo que decir adiós a las largas horas tomando el sol mientras escucho el sonido de las olas. Estos últimos días en Sines han sido increíbles, Hayley ha sido la culpable de mejorar mi estancia aquí. Aunque no solo ha sido su culpa, también por Tania, que, a pesar de todo lo sucedido, nos hemos seguido viendo y nos ha enseñado en profundidad la ciudad. Claro que a mi señora prometida no le hacia ninguna gracia. Me ponía malas caras cuando le decía que habíamos quedado con Tania, pero sabía que tenía que lidiar con ello. Llegamos las cinco a la estación de tren, donde toca hacer lo que menos me gusta. Despedirme de Tania. Abrazo con fuerza a mi amiga, sintiendo como comienzan a empaparse mis mejillas, mientras Hayley pone los ojo

