Meto como puedo las maletas en el maletero del coche, haciendo tetris con ellas, y solo son las maletas de Rebeca. No sé que habrá metido en ellas, solo vamos una semana, yo apenas llevo una maleta pequeña. Cuando termino de colocar el maletero entro en el asiento del conductor, teniendo como copiloto a Rebeca, quien me dedica una dulce sonrisa. La respondo frunciendo el ceño y Judith suelta una carcajada. Un par de horas después ya estamos pisando suelo portugués, y Rebeca no tarda en dar saltos de alegría y chillar como una niña pequeña. -¡Por fin he salido de España! -grita eufórica, atrayendo la atención de la gente del aeropuerto. -Rebeca, por favor... -la regaño, pero ella no me hace caso y sigue dando pequeños saltitos. Aunque aquí no acaba nuestro viaje, aun nos quedan otras

