Al abrir los ojos me encuentro con Hayley dormida plácidamente a mi lado, con un par de mechones en la cara, y su boca entreabierta. Cojo, con cuidado, los mechones rebeldes para ponerlos detrás de su oreja, pero en ese momento ella entreabre los ojos, cruzando su mirada con la mía. Llevo una de mis manos a su cintura desnuda y me acerco más a ella, besando su frente. Ella se estira un poco, aún adormilada. - Nunca te he dicho lo increíbles que son tus ojos. - Susurra cerca de mi boca. - Los tuyos también lo son. – Contesto. Y, la verdad, que son preciosos. - Son más comunes. - Para mí los míos también. Beso suavemente sus labios y, con un rápido movimiento, se sitúa sobre mí, apoyándose en ambos brazos. Llevo mis manos a su cintura, mientras sus labios vuelven a posarse sobre los

