Ella descubrió un papel en el escritorio de su pareja; era un plan detallado para deshacerse de ella y del bebé. La visión de esas palabras le heló la sangre y decidió que tenía que escapar lo antes posible.
Se sentía confundida, sin comprender las palabras escritas en ese papel de color blanco con tinta. La escritura sobresalía en contraste con el tono pálido del papel, como si fuera débil ante una fuerte punta. Suspiró, tratando de contener las lágrimas y el temblor que sacudía su cuerpo. Había un plan detallado sobre cómo deshacerse de ella, incluso considerando su embarazo. No podía creer que él, de todas las personas en las que confiaba desde hace tantos años, fuera capaz de algo así.
Mientras luchaba por detener las lágrimas, acarició con ternura su vientre ligeramente abultado. Estaba en el sexto mes de embarazo y, aunque aún no se notaba por completo, sabía que su pequeño bebé estaba allí. Anhelaba tenerlo y parecía que Sebastián también lo deseaba, pero al parecer se había equivocado. Dejó el papel donde estaba y se esforzó por no derramar más lágrimas, deseando que él supiera que ahora estaba al tanto de todo. No quería que él notara su descubrimiento mientras caminaba, esforzándose por parecer normal.
Él acababa de preparar la cena y le pidió que buscara su computadora. Nunca había imaginado que descubriría ese papel allí, abandonado y escrito como si fuera algo trivial. Cuando comenzó a sentirse un poco más compuesta, decidió avanzar hacia la sala.