A contniuación una nueva historia: Primera regla de un matrimonio por conveniencia: No quedarte embarazada. Punto. Cuando pongo en su lugar a mi nuevo jefe por colarse en la fila, estoy segura de que voy directa al despido. Pero el CEO César Graham no me echa. Me propone matrimonio. Seis meses. Un anillo. Una casa compartida. Él necesita una esposa para heredar el imperio familiar. Yo necesito dinero para salvar a mi madre. Un trato limpio. Frío. Sin emociones. Sin sexo. O eso creemos. Porque resulta que fingir ser su esposa significa dormir a su lado, sentir su mirada recorriéndome sin pudor, escuchar su voz bajar de tono cuando nadie más está cerca. Nuestros votos fueron falsos. La química, no tanto. Cada roce es un error delicioso. Cada beso “para las apariencias” a

