SORAYA No podía dormir, por más que lo intentara. Sabía que volver a acostarme con César había sido un error total. Entonces, ¿por qué no pude evitarlo mientras pasaba? ¿Y por qué había sido tan difícil salir de su habitación una vez que terminó? —No va a volver a pasar. Nunca va a volver a pasar —murmuré, cubriéndome por enésima vez con las cobijas en mi cama en la casa de César. Había estado yendo y viniendo entre acomodarme debajo de ellas y empujarlas hacia el borde del colchón. —Eso fue todo. Fue la última vez. Y ahora, se terminó. Genial. Ahora me estaba hablando a mí misma. Cerré los ojos con fuerza e intenté obligarme a dormir. Pero nada pasaba, no importaba cuántas ovejas contara. ¿Tal vez necesito un poco de aire fresco? Miré hacia la puerta que conducía al patio desde

