LIRIEL Yo… me dejé llevar. No pude evitar oír a Edrik y a su tía abuela hablando de la fiesta de Isla, y mi cabeza empezó a girar sola. Todos esos tableros de Pinterest llenos de detalles bonitos, recuerdos, decoraciones… el potencial casi infinito que daba un presupuesto sin límites. Hablé antes de pensar. Cursé un año de planificación de eventos en un community college antes de tener que dejarlo para trabajar a tiempo completo, y la verdad es que amo las fiestas. En teoría, al menos. No es que haya podido organizar muchas, salvo las comidas comunitarias de la iglesia con mi abuela. Ahora Edrik me mira desde el otro lado del salón, con los labios curvados. —Ya oíste a la mujer —dice con esa voz profunda que parece vibrar en las paredes—. Estás a cargo. —No —respondo. —¿No? —No. No

